VOLCÁN TUPUNGATITO

VOLCÁN TUPUNGATITO

El estrato volcán Tupungatito de 5660 msnm es sin duda uno de los spots turísticos menos conocidos de la zona central de Chile, pero a la vez, uno de los más sorprendentes para quienes gusten del turismo de alta montaña. Llegar a su cráter es un espectáculo único. Escuchar la fuerza con que escapan los gases de sus laderas y admirar el intenso color turquesa de la laguna de ácido a 5300 metros de altura es algo inigualable, muy pocas veces visto. Todo esto y mucho más nos entrega el fantástico Cajón del Río Colorado.

Con Maritza, compañera en rutas de montaña preparamos la logística de la salida concerniente a permisos y porteos de equipo. Nos fijamos 3 días para estar físicamente preparados y aclimatados en consideración de que es una ruta de 5 días. Gracias a la gestión del Mayor Manuel Cartagena y con el porteo de equipo contratado estábamos listos para emprender la travesía al interior del valle del río Colorado.

El primer día nos esperaba una larga caminata de 25 kilómetros para llegar al campamento denominado “abandonado”; el segundo día se realizaría cumbre y el tercer día nos iríamos todos felices. Aunque la verdad uno propone y Dios dispone, aquel proverbio predominó en toda la salida.

 

Camino al Tupungatito

Para llegar al punto de partida se empalma la carretera del Cajón del Maipo doblando a la izquierda justo dónde finaliza el puente del Río Colorado. Desde allí, se recorren  21 kilómetros hasta el Alfalfal (lugar dónde se muestra el permiso otorgado por el ejército a Aes Gener), luego otros 20 kilómetros de camino ripiado hasta el sector de Chacayar, punto dónde se entrega a los arrieros el equipaje para que las mulas lo transporten. Nosotros llegamos hasta el final del camino dónde vivaqueamos a 2130 msnm frente a la mina la Perla.

 

Valle del Río Colorado

El valle desde sus comienzos es sorprendente, las variadas formaciones geológicas hacen del camino una aventura interminable.  Pasado los 2 kilómetros de caminata nos refrescamos en “Quebrada Agua Blanca”, zona que destaca por un estero de agua sulfatada que da un color crema a las rocas.

Avanzamos unos 3 kilómetros más para llegar a una curiosidad geológica denominada  “Baños Azules”. Lamentablemente las empresas turísticas que lo visitan últimamente en forma frecuente no han sido responsables con la delicadeza del lugar, permitiendo incluso que los visitantes se bañen causando algunos daños. De nosotros depende el cuidado de estas maravillas que nos entrega la naturaleza para su preservación.

El valle prosigue su curso observando los inmensos cerros que están en diversos cajones cordilleranos que suman más montañas desafiantes. Se cruzan los ríos Museo y el Azufre para luego seguir por una ancha explanada de suelo íntegramente volcánico. Se pasa un portón para luego llegar a un puesto de arrieros, buen lugar para descansar algunos minutos.

 

Dónde está el arriero

Caminando más al interior nos encontramos con un sector denominado “Las vegas del Tupungato”, aquí, encerradas dentro de un cerco se encuentran los Baños del Tupungato, afloración termal de unos 20° que forma una pequeña piscina redonda en medio de las rocas. A pesar de no ser muy grande ni tener una temperatura muy alta, bien vale la pena detenerse un momento a probar sus aguas.

Muy cerca se aprecia el curioso cerro Bizcocho, inconfundible punto de referencia desde dónde el camino tuerce hacia el este apreciando por primera vez la enorme figura del volcán Tupungato. Este sitio es una buena alternativa de descanso, los arrieros lo llaman “Aguas Azules” y se encuentra a 3100 msnm, muy cercano al estero Tupungatito. Aquí descansamos alrededor de unos 45 minutos ya que sabíamos que se nos venía la última parte del trayecto, la más pesada, 1000 metros de desnivel en 3 kilómetros.

El ritmo que llevábamos era increíble, pero lamentablemente no veíamos al arriero. Y pese a que aún nos faltaba  un trecho para llegar al campamento era probable que lo hiciéramos antes que él. ¡Donde diantres se había metido con el equipaje! Nunca lo vimos y naturalmente surgió la incertidumbre de llegar y no encontrar nuestras cosas. Ese tema nos preocupaba mucho, sobre todo por la integridad de cada uno ya que solo contábamos con ropa de marcha y algo de abrigo.

Esperamos alrededor de 1 hora en la cual el sopor nos ralentizó mucho. Dentro de mi modorra escuché a lo lejos un grito, luego otro. Desde lejos divisamos al arriero que estaba fuera de nuestra ruta así que nos apresuramos a su encuentro. Al conversar con él nos comentó que estábamos perdidos, fuera del camino. Cerró la frase aludiendo a que no nos llevaría al campamento abandonado, o sea a los 4200 metros sino en un sector dónde hay agua, a 3500 metros de altura, 700 metros menos de los estipulado. 

 

Ataque de Cumbre

A las 5,30 AM rompimos marcha con José a la cabeza y Federico cerrando. La verdad es que no hay mucho que contar sobre la ruta, se pierde varias veces, se logran ver los hitos y nuevamente se retoma. Se camina por escoria volcánica en un terreno áspero. Siempre seguimos el track de ruta que teníamos guardado entre Maritza y yo así que entre los dos íbamos viendo la trayectoria correcta para no salir del camino.

Fueron muchas horas de marcha pasando entre escoriales de lava, penitentes y roca cuando ya delante de nosotros se mostraba con toda su cara el escondido Volcán. De los 7 que partimos en la expedición solo 6 salimos a conquistar cumbre. Francisco había optado por quedarse en la carpa al no lograr aclimatarse. José, que para mí es el más fuerte de mis amigos, estaba muy fatigoso reconociendo que solo se había dedicado a escalar, también se bajó. Íbamos 5 subiendo, pero Federico, muy atrás, nos confirma por radio que no seguiría.

 

Descenso al cráter

Luego de casi 10 horas de marcha - a las 15:00 horas - logramos llegar al borde del cráter observando atónitos un espectáculo de la naturaleza. Un cráter de enormes dimensiones, una laguna de ácido y vapores flotando a su alrededor con ruidos salidos de la tierra. El color del agua de un turquesa intenso contrastando entre las nubes de vapor que flotaban sobre el Tupungatito entregaba un espectáculo sobrecogedor. Corría un viento ligero que iba de este a oeste así que preparé la cámara fotográfica y me dispuse a bajar. Maritza y Xurxo continuaron para conquistar la cumbre y Alejandra prefirió acompañarme.

Al observar detenidamente el cráter vi que era viable bajar. No lo pensamos dos veces cambiando  la cima por una exploración que pocas personas han hecho, estar dentro del cráter del volcán. Es de una perfección impresionante, al avanzar se aprecia que más al interior hay otro cráter de mediano tamaño que expulsa mucho gas, de hecho, vi que los gases salen de diversas fisuras de la tierra, incluso pude acercarme a una de ellas, grabarla, sentirla y olerla. Al costado izquierdo hay un tercer cráter (son 8 en total) en dónde se asienta una masa de hielo y nieve. En su vertiente sur en la parte superior cae parte de la gran masa del glaciar sin nombre, hito que ha sido investigado por glaciólogos de Chile y de otras latitudes.

No podía dejar de admirar el lugar dónde estaba, me sentía muy favorecido, era un sueño concretado. Lamentablemente mi salida fue tan rauda que olvidé algunas cosas en la parte superior así que preferí volver ya que el viento se las podía llevar. Al llegar al borde del cráter pude ver una panorámica de Los Andes centrales impresionante, nuestra cordillera nos entrega hermosas postales.

Vi como mis amigos subían los últimos tramos del Tupungatito y de verdad no sentía envidia, pude haber estado ahí, pero sabía que en un futuro cercano volvería a estos lares, pero con clientes, con montañistas deseosos de conocer estas maravillas que nos entrega la naturaleza. Esa es la suerte de vivir en Chile, un país aún virgen, prístino y lleno de lugares aún por revelar, esa es nuestra cordillera de los Andes en la zona central de Chile.