Angélica Pacheco. “Tejedoras del Imaginario Latinoamericano”

Liderado por la doctora Angélica Pacheco, el proyecto “Tejedoras del Imaginario Latinoamericano” reúne testimonios de mujeres de Chile, Colombia, Ecuador, México, Honduras y Guatemala para rescatar su memoria biográfica y dar visibilidad a historias históricamente invisibilizadas. Hoy, el proyecto se amplía a la Región de Valparaíso con un nuevo recorrido patrimonial que combina lectura pública de testimonios, talleres de artes mixtas y co-creación de historias locales.

“Relatos híbridos de mujeres en pandemia: Tejedoras del imaginario latinoamericano” rescata las voces de mujeres de América Latina durante la crisis del COVID-19, explorando cómo sus experiencias cotidianas reflejan identidades híbridas y complejas. Desarrollado por un equipo académico de Chile, México, Colombia y España, el proyecto reunió 15 relatos digitales que combinan narrativas íntimas y colectivas, transformando la memoria individual en un patrimonio compartido que visibiliza la desigualdad de género y la riqueza de la experiencia femenina en la región.

Conversamos con la periodista Angélica Pacheco Díaz, Doctora en Comunicación Cultural e Identidad en Europa e Iberoamérica y Magister en Ciencias Políticas Integradas. Periodista.

Ha dedicado gran parte de su trayectoria a estudiar las relaciones entre comunicación, cultura e identidad. ¿Qué significado tiene para usted participar en un proyecto que rescata la memoria y las voces femeninas en el patrimonio de la Región de Valparaíso?

Para mí, este proyecto representa la síntesis de muchos de los intereses que he cultivado a lo largo de mi trayectoria: el diálogo desde la esfera pública entre comunicación, arte, memoria e identidad. Dirigir esta investigación ha sido una experiencia profundamente significativa, no solo por el contenido que abordamos —la memoria biográfica de mujeres de América Latina—, sino también por el modo en que decidimos hacerlo: desde una mirada transdisciplinar, colaborativa y afectiva.

El proyecto recoge testimonios de mujeres de Chile, Colombia, Ecuador, México, Honduras y Guatemala. Es una obra coral que articula la voz íntima con la escucha pública, donde cada relato ha sido acompañado por ilustraciones y piezas sonoras que permiten múltiples formas de lectura y recepción. Además, es importante destacar que el equipo de investigación estuvo compuesto por académicas y académicos de México, España, Colombia y Chile, lo que enriqueció el enfoque metodológico y cultural del proyecto.

Lo más valioso ha sido precisamente eso: experimentar otras formas de narrar y de comunicar, donde el patrimonio ya no es solo archivo, sino también proceso vivo, tejido colectivo y resonancia afectiva. En este sentido, participar en este proyecto es también un acto de responsabilidad ética y política frente a la memoria de las mujeres y los territorios que habitan.

¿Qué aprendizajes de esa experiencia cree que pueden dialogar hoy con este nuevo recorrido patrimonial por las historias de mujeres de nuestra región?

A partir de la plataforma digital relatostejidos.cl, que comenzó a circular en 2024, iniciamos un proceso de vinculación con mujeres de Valparaíso y Viña del Mar. Esa etapa nos permitió reconocer la urgencia de generar espacios presenciales donde la palabra, el cuerpo y la imagen pudieran encontrarse. Es por eso que, gracias al Fondo de Patrimonio Cultural Regional que me adjudiqué en noviembre realizaremos nuevo cinco encuentros de artes mixtas en las comunas de Valparaíso, Viña del Mar, Concón, Quilpué y Villa Alemana.

Estos encuentros están pensados como experiencias de cocreación, donde las lecturas públicas de los testimonios del libro impreso se convierten en detonantes para construir nuevas historias, nuevas memorias desde el espacio biográfico. Las artes mixtas y la ilustración actuarán como mediadores sensibles que nos permitirán transitar desde el relato individual hacia una mirada común. Lo biográfico deja de ser solo memoria personal para convertirse en patrimonio compartido.

El aprendizaje más profundo que rescato de Tejedoras es que cuando se habilitan espacios seguros, horizontales y creativos, las mujeres no solo narran su historia: la transforman. Ese es el diálogo que hoy continúa, en clave territorial, afectiva y transmedial.

 ⁠El concepto de “identidades híbridas” atraviesa gran parte de su trabajo. ¿Qué importancia tiene reconocer esas identidades múltiples en los procesos de memoria y patrimonio?

En mi trabajo, he abordado las identidades híbridas no solo como un objeto de estudio, sino como una metodología en sí misma. Reconocer esa multiplicidad nos permite diseñar proyectos que no encasillan, sino que expanden. Por eso hemos apostado por enfoques transdisciplinares y dispositivos como la narrativa visual, el podcast, la ilustración o las artes mixtas, que nos ayudan a recoger voces que no siempre se expresan en los lenguajes tradicionales del patrimonio o la historia oficial.

Desde su mirada, ¿por qué cree que la voz de las mujeres ha sido tantas veces invisibilizada en la construcción de la memoria colectiva?

Porque la memoria también es un territorio de poder. Durante siglos, la construcción de los relatos oficiales —ya sean históricos, patrimoniales o mediáticos— ha estado marcada por una profunda asimetría de género, donde las voces femeninas han sido sistemáticamente desplazadas o reducidas a roles secundarios. Esta invisibilización responde a una reproducción cultural que sitúa a las mujeres en el ámbito del cuidado, de lo íntimo, de lo doméstico, negándoles protagonismo en el espacio público, incluso cuando han sido lideresas activas de sus territorios: biográficos, comunitarios, barriales y rurales.

Las mujeres tejen memoria de otra forma. Su forma de narrar se construye desde el cuerpo, desde los afectos, desde la transmisión simbólica que muchas veces no queda registrada en documentos, pero que persiste en los rituales, en las palabras compartidas, en las acciones cotidianas que sostienen la vida. Por eso, cuando hablamos de patrimonio cultural intangible, debemos ampliar la mirada para reconocer esos hilos invisibles que han sido fundamentales en la configuración de la historia local, pero que han sido ignorados por no encajar en los moldes del relato hegemónico.

¿Cómo imagina usted el impacto que puede tener este nuevo proyecto en la ciudadanía?

Me gustaría que quienes participen o recorran este proyecto puedan experimentar, en un espacio seguro, la emoción de crear y co-crear desde lo íntimo, lo biográfico y lo colectivo. Que sientan que la experiencia estética —cuando es compartida— puede transformar no solo la percepción del otro/a, sino también la forma en que habitamos nuestra propia historia.

Espero que este recorrido por las voces de las mujeres de la región despierte una sensación de pertenencia y conexión. Que cada persona descubra que, aunque nuestras historias sean distintas, hay un fondo común que nos une: los afectos, las luchas, los silencios, las esperanzas. Que nadie está tan solo ni tan aislado como a veces parece. Que podamos reconocernos en los relatos ajenos, y entender que el “yo” cobra sentido en relación con un “otro/a”.

En ese sentido, me gustaría que este proyecto se sienta como un tejido vivo, una urdimbre de colores, texturas, voces y miradas que, en su diversidad, forman un crisol profundamente conectado con la comunidad. Cada testimonio, cada trazo, cada palabra compartida es parte de una trama mayor que nos recuerda que la historia local no es solo pasado: es una construcción afectiva y simbólica en constante movimiento.

Disponible en acceso abierto en relatostejidos.cl, el proyecto propone un enfoque transmedia que permite recorrer las narrativas desde distintos lenguajes, transformando la memoria en un patrimonio colectivo, vivo y afectivo.

Especial Aniversario 19 • Octubre 2025

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