Bajo el manto estrellado del cielo austral, donde los árboles milenarios parecen susurrar secretos al universo y la quietud de una laguna refleja la inmensidad del cosmos, nace el arte de Jaime Garcés. Más que un fotógrafo, es un narrador de lo invisible, un hombre que ha encontrado en la noche su más profunda inspiración. Este es el viaje de un ingeniero forestal que aprendió a leer la belleza del firmamento y a traducirla en imágenes que conmueven, sanan y despiertan. Su historia no es solo sobre técnica y lentes, sino sobre la íntima conexión entre el cielo, la tierra y el alma humana.
- Entrevista: Cristian Muñoz
- Fotografías: Jaime Garcés
- Instagram:@jaimegarcesphoto
Ingeniero forestal de profesión, explorador por vocación y fotógrafo por pasión, Jaime Garcés ha convertido los bosques, montañas y cielos de Chile en el escenario natural de su arte. Desde Valdivia, su base de operaciones, recorre el sur del país en busca de esa imagen perfecta que capture no solo la belleza del entorno, sino también las emociones que nacen al contemplarlo. Cada postal es una invitación permanente a mirar más allá del horizonte, a levantar la vista y dejarse asombrar por el universo.
Pero, ¿cómo logra plasmar la magnificencia del firmamento en una fotografía? Son varias las recomendaciones que desde el inicio Jaime nos regala: “Lo primero es monitorear los ciclos de la luna para que ésta no sobrepase el 30% de iluminación, ya que su luz excesiva contamina la escena y dificulta captar la Vía Láctea. También considero el clima pues la humedad puede empañar los lentes y afectar la nitidez. El viento es clave, porque trabajamos con largas exposiciones y cualquier ráfaga podría generar trepidación y arruinar la imagen, incluso con trípode. Además, recomiendo explorar el lugar de día y usar aplicaciones para marcar coordenadas y planificar la composición con antelación”.
El resultado salta a la vista, y nos lleva a indagar en su historia, aquella que se remonta a su adolescencia. “Mi viejo siempre tuvo una cámara análoga, y entre los 15 y 17 años comencé a jugar con la fotografía. Después, cuando entré a estudiar ingeniería forestal, empecé a retratar los paisajes del sur, más como un registro de salidas con amigos que con un fin artístico”, recuerda.
Aunque todo cambió cuando viajó a San Pedro de Atacama con su Nikon semiprofesional. Fue allí donde, sin mucha técnica pero con un entusiasmo inagotable, comenzó a mirar el cielo con otros ojos. “Me metía en foros, grupos de Facebook, compartíamos conocimientos de forma muy colaborativa. La astrofotografía llegó como una mezcla entre mi amor por la naturaleza y esta curiosidad por lo que ocurre sobre nuestras cabezas”.
FUSIÓN CIELO TIERRA
Para Jaime, Chile no solo es bello de día. “Tenemos montañas, lagunas, ríos, bosques milenarios… y si a eso le sumas el cielo estrellado, obtienes la fotografía perfecta”. Y como amante de la naturaleza, le apasiona capturar el instante en que el paisaje terrenal se funde con el cielo nocturno. “Me encanta la combinación de agua y estrellas. En Conguillío hay muchas lagunas ideales para eso. Solo hay que escoger un día calmo y buscar los reflejos”, dice, y recomienda usar la aplicación Windy para estudiar el viento antes de una salida.
Cuando se le pregunta por sus tres astrofotografías favoritas hechas en Chile, no duda en mencionar una trilogía que tiene al Parque Nacional Conguillío como protagonista. La primera, tomada en el sector Los Paraguas, la tituló Milenarias observando al infinito. Una panorámica vertical de cuatro tomas apaisadas, donde las araucarias parecen mirar hacia la Vía Láctea. “Quería que la imagen hablara por sí sola, que mostrara esa conexión atemporal entre la Tierra y el universo”.
La segunda, llamada Reflejos, fue capturada en la Laguna Verde. “Me gusta porque rompe con la típica composición nocturna. El reflejo del Llaima nevado y las estrellas sobre el agua generan mucha paz. Iluminé los troncos con linterna y difusor para darle un toque especial”.
Y la tercera es un Startrail – fotografía de larga exposición que capta el movimiento aparente de las estrellas- de 94 imágenes que bautizó como La Tierra sobre el Llaima. “Fue una noche mágica junto al prestigioso astrónomo bielorruso, Yuri Beletsky, y la meteoróloga canadiense Kerry-Ann Lecky Hepburn, ambos apasionados por la fotografía nocturna y, por supuesto, mis dos grandes referentes”.
Esa noche – recuerda – el universo confabuló a su favor. “Estábamos juntos contemplando la inmensidad de los astros en un espacio natural que considero mi segundo hogar, el Parque Nacional Conguillío, que ha sido mi fuente de inspiración en este arte. El movimiento circumpolar coincidía justo sobre el cono del Llaima, y una araucaria solitaria que nos delataba completaba la escena. El fenómeno de ‘airglow’ tiñó el cielo de tonos azules y verdes. Usé StarStax para el postproceso. No fue fácil, pero el resultado bien lo vale”.
El vínculo con Yuri Beletsky, astrónomo del proyecto ALMA, fue clave en su desarrollo como astrofotógrafo. “Lo conocí en 2018, pero fue en plena pandemia, en 2020, cuando trabajamos juntos en la planificación de nuevos proyectos. Él trajo fotógrafos de renombre y me enseñó herramientas que cambiaron mi forma de planificar y editar. Desde entonces mantenemos el contacto y tenemos ideas en carpeta”, comparte.
También destaca el encuentro con Francisco Núñez, creador del sitio Astrofotografía en Chile. “Nos conocimos en 2022. Él quería fotografiar en La Araucanía y me invitó como guía. Hasta ese entonces, la zona tenía poca presencia en este tipo de fotografía, así que fue bonito aportar desde el conocimiento local”, recuerda.
Pero más allá de la técnica y la planificación, lo que impulsa a Jaime Garcés a seguir saliendo bajo las estrellas es una sensación más profunda: “Siento la inmensidad del cosmos y lo pequeños que somos frente a él. Mis problemas se relativizan, todo se vuelve más claro. Es como una terapia liberadora. Me siento afortunado de poder convivir con los paisajes que retrato”.
A través de sus imágenes, busca provocar una conexión emocional con quien las contempla. “Quiero que el espectador se transporte a los sitios que he tenido la oportunidad de retratar con mi cámara. Me gusta el concepto de tridimensionalidad y jugar con los distintos planos sobre el encuadre, para que quien esté delante de la fotografía, pueda proyectar su mirada y respirarla profundamente”.
TÉCNICA & ARTE
Para el ingeniero forestal nacido en la Región del Biobío y criado entre los bosques del sur de Chile, lograr equilibrar la técnica y el arte en la astrofotografía es todo un desafío. Lo técnico es la base, explica. “Conocer tu cámara, entender la luz, la composición y cómo armonizar los elementos frente al lente”.
Ávido por compartir su conocimiento, nos entrega cuatro claves para lograr una imagen impactante: “Primero, que la cámara sea una extensión del cuerpo; si dudas con los botones, pierdes el momento. Segundo, una locación atractiva y buena luz: un amanecer, una tarde nublada, un atardecer. Tercero, saber componer: equilibrar el primer plano con el fondo, guiar la mirada. Y cuarto, el revelado digital, que aporta el otro 50%. Me gusta el estilo fine art y dedico horas al color, el enfoque, y técnicas como HDR, focus stacking o dodge and burn. Estudio a fotógrafos como Daniel Kordan y Max Rive, cuyas técnicas he integrado a mi flujo de trabajo”.
En cada una de sus fotografías, Jaime Garcés nos invita a detenernos, a mirar con otros ojos y a dejarnos emocionar por la grandeza que nos rodea. Su obra no es solo una muestra de talento y dedicación, sino un recordatorio de lo esencial: que aún en la oscuridad, hay luz; que aún en el silencio de la noche, el universo habla. Y quienes aprenden a escucharlo —como él— logran no solo capturar una imagen, sino también tocar el alma de quienes la contemplan.











