Carmen García Domínguez

UNA PIONERA EN RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL

Una mujer llena de energía, comprometida con sus ideales y visionaria. Faltan palabras para describir a Carmen García Domínguez, una viñamarina criada en el barrio de Agua Santa, quien hace 25 años, inspirada en la obra de don Bosco, comenzó un bello proyecto de apoyo y ayuda social. Hoy esta labor se ve coronada en Fundación La Semilla, la que actualmente impulsa diferentes proyectos desde Arica a Chaitén.

 

Madre de 7 hijos, una humildad ejemplificadora, una tierna sonrisa y una profunda mirada de ojos que cautivan, son solo la puerta de entrada para conocer y admirar la labor que Carmen García Domínguez ha desarrollado junto a Fundación La Semilla. Y si bien esta fue creada hace 25 años atrás, el trabajo de esta pionera en responsabilidad empresarial se inicia mucho antes, cuando advierte que las mujeres del sector de la Cruz y Pocochay necesitaban de actividades que les permitiera mantenerse activas mientras sus maridos no estaban en casa.

Fueron algunos talleres de manualidades los que marcaron el inicio de una obra que creció en el tiempo y que un cuarto de siglo después se convirtió en uno los proyectos más preciados de Carmen García Domínguez. “Me resulta fácil conectar con las personas. Vi lo contenta que se veían estas mujeres, por eso busqué la manera de seguir con esta labor”, recuerda.

Así comienza un camino que se corona años más tarde con la creación de la Fundación en el año 1997 y con la instalación de su Casa Central en la comuna de Hijuelas. Como lo afirma Carmen García Domínguez, esta se convertiría en su proyecto más preciado, ya que buscaba contribuir en la disminución de la brecha de las desigualdades, en especial, pensando en la mujer del mundo rural.

Han pasado 25 años desde la época en que la labor de la Fundación se focalizaba en las comunas de la provincia de Quillota. Hoy su acción se extiende desde Arica hasta Chaitén, beneficiando al año a más de 70.000 personas directas, incluyendo en estos grupos a niños, mujeres, discapacitados, tercera edad, personas en situación de calle, drogodependientes, en fin, diversos segmentos vulnerables de la población.

Una mirada hacia los microemprendedores, colegios, residencias de niños, juntas de vecinos, clubes deportivos, programas de jóvenes, proyectos culturales, comunidades indígenas, figuran como otros de los frentes en los cuales Fundación La Semilla busca impactar.

“Haber fundado hace 20 años atrás, y al alero de Fundación La Semilla, de la mano de Sence y de 15 empresas amigas, la Otic ProAconcagua es otro motivo de orgullo para mí. Esto surge como una manera de abordar las brechas de capacitación que se diagnosticaban en la época, en las cual más del 50% de las personas del mundo del trabajo no había terminado su educación formal. Desde allí se implementaron las becas laborales para beneficiar a grupos vulnerables”, comenta Carmen García Domínguez, a quien también se le reconoce la creación del Colegio Valle del Aconcagua en Quillota.

MIRADA DE FUTURO

Carmen García Domínguez continúa con su amor y entusiasmo por la región. Mira con satisfacción y alegría la colaboración que ha recibido desde el mundo privado, académico y público. Las necesidades han crecido y los desafíos también, lo que la llevado a delegar en un importante equipo las múltiples áreas del trabajo social que hoy se desarrollan. “Son personas con vocación de servicio y comprometidos con la filosofía y la esencia que dio vida a este lugar”, admite.

Y en estos 25 años la Fundación está comprometida para celebrar con una campaña de reforestación de 1.000 árboles por año. Para ello se inició en la Región de Valparaíso un foco de plantación de más de 8.000 palmas chilenas (jubaea chilensis), lo que ayudará a colaborar en la mitigación por el cambio climático y a la preservación de una especie claramente vulnerable. Este será un símbolo verde de la región y del país.

“En estos 25 años de historia de la Fundación debo agradecer el importante apoyo de mi familia y el ejemplo que tuve de mis padres, todo lo cual me impulsó a desarrollar esta labor. No puedo dejar de reconocer el incansable trabajo de todo el equipo de personas, profesionales y voluntarios que han apoyado a las tres entidades ya mencionadas: Fundación La Semilla, Colegio Valle del Aconcagua y Otic ProAconcagua. Y, finalmente, debo felicitar a todos quienes han formado parte de la historia de este lugar. Los cimientos están fuertes para seguir avanzando hacia el futuro”.

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