De la actuación a la acción. Juan Pablo Sáez

Si tu vida fuese una obra de teatro, cuál nombre le asignarías – le preguntaron-. “Resiliencia”, replicó tras una pausa de unos 30 segundos. Y es que este actor chileno de 49 años de edad ha demostrado ser un hombre perseverante, trabajador hasta más no poder, inquieto de sol a sol y un verdadero amante del teatro. En Costa Magazine, la vida de Juan Pablo Sáez.

Entrevista de Cristian Muñoz

Fotografías de Guille Vargas Pohl

Vestuario, gentileza de IG @eltelondesaez_

La vorágine del siglo XXI ha sido pan de cada día para Juan Pablo Sáez Rey. Desde que decidiera en 1999 volcar todos sus ahorros en el proyecto de su vida, Teatro San Ginés, el actor que aún guarda retazos del mítico DJ Billy (en la teleserie Adrenalina de Canal 13) no para. Es más, al momento de entrevistarlo, despejaba un par de días para una escapada familiar a un resort de Los Andes, tras dos años de confinamiento, reinvención y arduo trabajo.

Me quedo con la pregunta que te hicieron en el programa de TVN, Mira a quién me encontré:  Si tu vida fuese una obra de teatro, ¿cómo se llamaría? Resiliencia. “Imagina que el anhelo de tu vida, al que dedicaste tu alma, se incendia. Hay que reponerse a ello”, comenta recordando el incidente de 2008 cuando la estructura del San Ginés se consumía en llamas.

Pero Juan Pablo no es de quedarse paralizado ante las adversidades de la vida. Todo lo contrario, “me amarga estar quieto – asegura -. Prefiero hacer muchas cosas en el día”. Mañana que comienza poco antes de las 7 haciendo los preparativos para llevar a su hija de ocho años a la escuela. Al retorno, mientras revisa la prensa, ingiere un rico desayuno que seguramente será endulzado con una de las exquisiteces de La Coquette, panadería francesa que emprendió junto a su esposa Camille Caignard en plena pandemia.

Croissant, pan de chocolate, rollitos de canela, chausson de manzana, entre otras delicias de la repostería francesa, son responsable de los 10 kilos que ha aumentado el actor y gestor cultural.

Decidiste emprender, insertarte en el teatro como empresario, incursionando incluso en la política…

He vivido diversas y muy distintas facetas en estos últimos 21 años ya, pero siempre con la convicción y amor que merece cada una de estas funciones. El teatro en especial es para mí una vocación, algo mágico que desde segundo medio, cuando cursé el taller escolar con los profesores Pancho Melo y Felipe Castro, me transportaba y despertaba una pasión en mi interior.

Una vez que egresé y comencé a trabajar en este mundo, conocí la amarga realidad de cientos de colegas que, por no contar con un empleo estable en la televisión, se les complicaba enormemente mantener a sus familias o percibir un sueldo digno. Allí sentí que debía pasar a la acción.

De la actuación a la acción, ¿correcto?                                                                       

Cierto. Yo veía que en Estados Unidos, Europa e incluso en Argentina, el actor de teatro era respetado. ¿La falencia? Falta de infraestructura. En el Chile de fin de los ´90 había muy pocas salas – a excepción de la de Tomás Vidiella o Jaime Vadell. El resto, eran teatro universitarios y para de contar. Por su parte, los pocos teatros municipales pasaban llenos dejando nulo espacio para talentos emergentes y compañías jóvenes.

Dije bueno, construyamos un teatro. Tuve la suerte de ingresar a la tele y logré juntar algo de plata. También hice muchos eventos también para reunir un capital con tal de invertir y construir en Bellavista la primera sala San Ginés en 1999, con el apoyo incondicional de mi padre, Julio Sáez.

No fue fácil, como has expresado en diversas entrevistas.                                

Fue un inicio durísimo porque los bancos no creían en nosotros, los auspiciadores no creían, incluso algunos colegas. Fue muy complejo construir este teatro y abastecerlo de contenido de calidad. Felizmente, logramos efectuar la compra de derechos internacionales que nos permitió dar un salto y acercarnos mucho más a la realidad de Bs. Aires en los espectáculos.

Actualmente Teatro San Ginés es una Corporación de derecho privado sin fines de lucro, con el objetivo de sostenerse y sustentarse.

¿Pensaste en vender San Ginés en pandemia?                                                                  

De pensar, uno analiza cientos de posibilidades para evitar la quiebra. Pero la pandemia pegó un remezón muy fuerte a todos los que sentíamos que habíamos logrado una situación de confort, de meseta. Que después de tantos años de lucha estábamos de alguna manera consolidados. Pero nadie estaba preparado para algo así.

Imagina pasar cerrado durante 18 meses. Definitivamente esta pandemia, que aún sigue viva, puso a prueba la creatividad de todos. Pero toda crisis presenta una oportunidad. En mi caso hice lo que sentí que había q hacer. Junto a mi esposa desarrollamos este emprendimiento de una panadería casera “La Coquette” con el objetivo de cubrir nuestras necesidades primarias, familia, colegio, universidad, gastos médicos y del hogar. Mi objetivo era alivianar mi empresa principal, renunciando a percibir mi sueldo en San Ginés.

¿Cuál fue tu labor en La Coquette?                                                                         

Mi labor fue hacer difusión en medios masivos, redes sociales algo de relaciones públicas. Pero mi función principal fue hacer Delivery, incluso llegué a hacer 30 o 40 por día, y cuando me vi superado, contraté a un par de artistas amigos para repartirnos ciertos sectores de Santiago.

Mi interés era conversar con la gente al repartir el producto, entablar un diálogo y no dejar la caja de manera impersonal, pues me di cuenta de que muchos se encontraban viviendo en soledad y confinamiento.

Trabajo que emprendiste siempre con orgullo y humildad a la vez.                               

Es que yo me creo uno más de tantos chilenos que se esfuerzan por llevar el pan a su hogar. Y por supuesto, me tomé este emprendimiento familiar como una labor también de servicio social, aprovechando esos segundos para brindar una sonrisa a los clientes, entregando una palabra positiva con la intención de mejorar – aunque fuese un poco – el día de una persona.

Pregunta aparte ¿fue difícil trabajar con tu esposa?                                       

Honestamente es complicado, porque un trabajo formal resiente de una u otra forma a la pareja. Especialmente cuando uno es muy obsesivo – en este caso quien les habla -. Yo por mi parte insistía en repartir el mismo día algunos productos, pero mi esposa privilegiaba la calidad y los adecuados tiempos de espera. Entonces en este tira y afloja podíamos llegar a las 1 de la mañana discutiendo en nuestro dormitorio. Y eso mata toda pasión sexual. Así nos pasamos gran parte de la pandemia, discutiendo mucho y casi nos costó el matrimonio. Es así, complejo.

Y cuando se acabe la pandemia, ¿sigue La Coquette?                                              

Por supuesto. Esto llegó para quedarse. Le encontramos mucho encanto de poder llegar a las casas con una alegría. Tenemos especialmente clientes de tercera y cuarta edad que hacen los pedidos puntualmente, a la misma hora cada semana y no queremos dejarlos.

¿Cuál dirías es una de las claves para reinventarse y emprender?                            

Soy un ferviente defensor de los estudios, con tal de encontrar la receta para minimizar los fracasos, pero finalmente no hay un solo camino para tener éxito o no fracasar. Yo estoy convencido de que cada persona debe ser capaz de modelar su sueño. Cómo agregar valor a algo propio y que las personas puedan comprar mi producto y si le gusta, que nos recomiende.

 

INCURSIÓN EN POLÍTICA

Desde 2013 a 2016 Juan Pablo Sáez asumió el cargo de Consejero Regional por el Distrito Cordillera, como independiente, por un cupo de la Democracia Cristiana, continuando el trabajo de Paulina Urrutia (cuando fue Ministra de Cultura) y materializar la construcción de un centro cultural en cada comuna de Santiago que poseyera más de 50 mil habitantes.

De allí, mantuvo en paralelo sus dotes actorales aunque delegó parte de sus responsabilidades en San Ginés a su hermana Daniela y su padre Julio, quienes lo acompañaron desde un comienzo en esta odisea.

Pero gracias al mismo tiempo que propició la pandemia, desarrolló su candidatura para ser electo alcalde por Ñuñoa en las elecciones municipales de mayo pasado, obteniendo el apoyo de 17 mil votantes, aunque no le alcanzó para superar al Frente Amplio.

“Debido al cierre de las funciones teatrales, por primera vez en 20 años tuve una cantidad de tiempo excesivo junto a la opción de evaluar y considerar enfrentar una campaña política. Si ganaba, sentía que realmente podía ayudar a los vecinos de Ñuñoa, o trabajar para ello, trabajar en forma eficiente pues lo tengo incorporado en mi ADN. Sentía que con recursos y con un buen equipo humano podíamos hacer muchas cosas positivas”.

Y así lo ha demostrado en la actualidad al ejercer como director de Cultura de la Corporación Cultural de Puente Alto, actividad que lo mantiene ocupado en diversos proyectos, con mira apoyar y asesorar a talentos jóvenes, generando un marco de oportunidades para artistas jóvenes que tienen algo que decir.  Y es que para Juan Pablo Sáez, independiente de la actividad que esté desarrollando, el teatro es su vida, algo que se lleva por dentro.

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