Drina Papic. REGRESO AL ORIGEN

Un cómodo y acogedor taller es el lugar preferido de Drina Papic por estos días. Desde allí realiza sus clases, se inspira para sus creaciones, y es desde donde reflexiona y repasa su vida como artista en la zona.

Por Marcela Cademartori

Fotos de Olivier Maugis

IG @drinapapic

Sus últimos 50 años han estado inundados de talento, color y creatividad. Drina Papic ha dedicado su vida a las manualidades y a hacer clases. “Es lo que me encanta, me apasiona y se ha convertido en un estilo de vida para mí”, comenta.

Desde muy pequeña, la afición por el arte de esta descendiente de croata estuvo presente. “Siempre me gustó pintar, reciclar y reutilizar objetos. Cuando llegó el momento de estudiar, era una época en que tenías que seguir una carrera tradicional. Pero cuando me casé, entré al Bellas Artes, en donde estuve un par de años hasta que quedé embarazada de mi primer hijo y me retiré”.

Pero para Drina este mundo era su pasión. “Comenzamos a juntarnos en diferentes clases y hacíamos clases de tejido, crochet, pintura; en fin, diferentes técnicas que íbamos practicando y aprendiendo. Desde siempre me he preocupado de tomar cursos y estudiar, y esta era la instancia de aplicar los conocimientos”.

En este sentido para Drina la pandemia significó un valioso tiempo para estudiar y continuar aprendiendo. Durante el encierro tomó varios cursos on line que le permitieron seguir internalizando nuevos saberes que hoy continúa aplicando en este recorrido de creatividad. “Uno nunca termina de aprender, incluso lo vas haciendo con tus alumnas. Hay una retroalimentación mutua que te abre nuevos caminos y posibilidades en este mundo”.

COLORES Y TEXTURAS

Por varios años Drina tuvo una tienda en Viña del Mar, un lugar en el cual no solo se impartían clases, sino también se encontraban diferentes materiales para realizar manualidades en casa. “Fui de las primeras que vendió lanas teñidas para bordar alfombras, además que era de los pocos lugares de ese tipo que existían en Viña del Mar”.

Fue hace 5 años que la artista decidió dar un vuelco y volver a sus orígenes como ella misma lo define. “Quise retomar las clases desde casa y fue lo que me impulsó a construir este taller. La idea fue que se convirtiera em un espacio cómodo y grato para todos quienes desearan aventurarse en el mundo de las manualidades”.

En efecto, Drina imparte clases ciertos días de la semana bajo una modalidad bastante libre, es decir, son sus alumnas las que van proponiendo qué hacer o que técnica utilizar. “Acá no se impone nada y eso es lo que ha hecho de este un lugar entretenido. Además, muchas de ellas terminan siendo amigas finalmente, y eso es algo muy bonito”.

Colores por doquier, materiales que inspiran y obras terminadas son en parte el reflejo de lo que ha sido la historia de Drina Papic. “Son muchas las técnicas que he probado. Obviamente hay algunas que se ponen de moda y otras que te acomodan más. En lo personal, siento que hay un momento para cada una. Por ejemplo, si viajo a Santiago siempre llevo un bordado o un tejido. Y si estoy en casa, quizás se da el espacio para una pintura que te va a exigir tiempos y pausas de trabajo”.

“A eso podría agregar que las manualidades son una terapia, definitivamente. Cuando estás en esto te olvidas de todo y eso es algo que también he comprobado junto a mis alumnas. Por mucho tiempo las manualidades fueron consideradas como anticuadas. Hoy se han convertido en una tendencia cada vez más valorada, entregándole el valor que este tipo de trabajo tiene”.

El mundo de Drina irradia talento, expresividad, inspiración, sensibilidad, todas emociones que hablan de una artista consagrada, y de una mujer cuyo arte nace, se desarrolla y se expresa desde el corazón. Una artista sin límites, aventurera y apasionada. Una artista que simplemente ama lo que hace.

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