Multifacético por naturaleza. No concibe la vida sin humor ni cree en los atajos. Nadie le regaló nada, aunque rehúye convertir sus orígenes en una historia de superación. Para él, la ecuación siempre ha sido sencilla: el esfuerzo termina dando frutos, sin importar de dónde vengas. La suerte, dice, puede aparecer, pero es el trabajo constante el que marca la diferencia. Una filosofía que ha guiado su camino. Porque, como suele repetir en sus charlas, la vida puede desafiarte, pero nunca sentenciarte.
Ese principio también lo sostuvo en uno de los momentos más complejos de su vida: un diagnóstico de infertilidad que amenazó el anhelo de convertirse en padre. Contra todo pronóstico, junto a su esposa Andrée logró hacerlo realidad. La llegada de su hija Alma no solo transformó su vida; también le descubrió una forma de amor que hasta entonces desconocía. Una experiencia que terminó reafirmando su convicción de que la perseverancia siempre encuentra recompensa.
Fuera de los estudios, encuentra en la fotografía y el cine dos de sus grandes pasiones. El deporte también ocupa un lugar importante, con el fútbol como compañero de toda la vida y disciplinas tan distintas como el kickboxing entre sus desafíos personales. Sin embargo, las lesiones le impidieron mantener la continuidad que habría querido. Por eso suele bromear diciendo que, como deportista, «es un muy buen comunicador».
Si hay algo que ha demostrado durante estos treinta años es su capacidad para reinventarse. Jamás imaginó convertirse en un rostro de televisión, pero ha sabido transitar con naturalidad entre el espectáculo, la entretención y los programas de conversación, sin quedar nunca prisionero de un solo formato. Esa versatilidad lo llevó a asumir uno de los mayores desafíos de su carrera: conducir, junto a Monserrat Álvarez, el histórico matinal de TVN, Buenos Días a Todos. Un recorrido que hoy define con gratitud como «un regalo de la vida».
- Locación: agradecimiento a Hotel DoubleTree by Hilton
- Entrevista: Pablo Yutronic
- Maquillaje y pelo: Ely Gaby
- Fotografía: Paulina Moraga
Dependencias de TVN. El reloj marca las 11:44 de la mañana. Hace apenas unos minutos terminó una nueva edición de Buenos Días a Todos y, al otro lado del estudio, El Mediodía ya está al aire bajo la conducción de Daniel Fuenzalida. En la amplia redacción, periodistas, editores y productores van y vienen entre reuniones y conversaciones que nunca se detienen. De pronto, aparece Eduardo. Lleva una mochila al hombro, un polerón y sus inconfundibles lentes.
Saluda a todos con una sonrisa, como quien lleva años sientiéndose en casa. Una rutina que se ve algo modificada para tomarse el tiempo de hablar en extenso y de manera pausada con Costa Magazine.
Resulta imposible no comenzar por el mayor logro de su vida: la paternidad. No solo por lo que significa para él, sino también por el camino que debió recorrer para alcanzarla. Años atrás, un diagnóstico de infertilidad parecía sentenciar ese anhelo. «No vas a poder ser papá… Te va a costar, pero con el bajo conteo de espermatozoides no vas a poder», recuerda que le dijo el médico. Sin embargo, la historia terminó escribiéndose de otra manera. En 2016 nació Alma, la hija que transformó para siempre su vida y desafió todos los pronósticos.
¿Te cambió la vida la paternidad?
¡Totalmente! Sí. Te cambia el eje de las decisiones. Fíjate que te enseña una nueva manera de querer, de amar, de cuidar. Es distinto a cualquier otra forma de querer. Yo creo que cualquier padre o madre que esté a la altura del desafío sabe que me quedo corto con esta descripción. Alma en nuestra vida ha sido realmente un regalo maravilloso. En su momento lo que me dio más lata fue la indolencia del médico en cómo me dijo la problemática que se presentó. Una cosa es estar sentenciado, y la otra es estar desafiado. Nos sometimos a diversos tratamientos de fecundación in vitro con mi esposa, hasta que en 2016 nació Alma.
Un regalo de la vida, al igual que tu carrera ¿no?
Mi carrera la defino como un regalo de la vida. Mi sueño máximo de niño era ser locutor de radio ¡ese era mi mayor anhelo! Estudié audiovisual porque era lo que podía hacer en ese minuto. Cuando salí del colegio había muerto mi mamá, y la verdad que estábamos quebrados como familia, y es el colegio el que me beca para estudiar audiovisual. Quería estudiar periodismo, pero no se podía. Entonces apareció esta opción donde dije «esto me puede llevar a la radio», y en base a eso llegué a hacer la práctica a Megavisión en ese entonces. La verdad que han sido una serie de eventos afortunados que me llevaron entrar a la tele, primero detrás y luego delante de pantalla.
¿Y por qué crees que tu carrera se ha sostenido durante 30 años?
¡Que loco! ¡Cómo pasa el tiempo! Yo creo que si ha durado tantos años mi carrera es porque de verdad he tratado de ser súper honesto conmigo al momento de enfrentar la televisión.
¿En qué sentido?
Nunca he ocultado de dónde vengo, ni de dónde nací, ni de dónde me crié, ni quiénes son mis papás. Al final, no he pretendido ser alguien que no soy, y yo creo que eso a la larga, la gente lo valora, que el gallo sea honesto y que no pretenda ser otra cosa. Y es ahí donde he ido generando los espacios de los cuales he participado y contribuyendo, en formatos tan distintos como «Alfombra Roja» en su momento, «Mentiras Verdaderas», o ahora en el matinal de la televisión pública como el «Buenos Días a Todos», por decirte algunos.
¿Y cómo son los pasatiempos de Eduardo Fuentes?
Con los deportes nunca he sido muy cercano (ríe) ¡He tratado eso sí! El fútbol fue parte importante de mi vida por años. También practiqué kickboxing y un poco de aikido, pero lamentablemente una lesión me impidió seguir. Pero hoy, fíjate que el ski me gusta mucho. Soy más amante de la fotografía y del cine. Mi hobbie es la fotografía. Las imágenes, se me repiten, porque como te decía me gusta mucho el cine. Amo la capacidad de captar un minuto en una imagen pero que esa imagen me diga algo. Que sea capaz de conmover.
El humor siempre está presente en tus performances…más allá de lo laboral
¡El humor es clave! Sinceramente, no concibo la vida sin humor. Es para mí una de las dos piedras fundamentales. La otra es el amor, que suena parecido. El humor y el amor. Pero personalmente, me parece que la vida sin humor no merece ser vivida.
¿Y pensaste alguna vez que conseguirías todo lo propuesto?
¡Jamás! Ni en el mejor de los anhelos fue como ha sido todo. O sea ¡lo soñé! Y quizás le puse tanto empeño y tanto corazón que se consiguió. «Lo decreté» de cierta manera. Lo que pasa que yo tampoco tenía un plan b. Quería ser locutor de radio y listo, ahí estaba mi talento, en las comunicaciones. Nada más. Entonces le di mucha vuelta sobre qué iba hacer, y cómo lo iba hacer ¿Se entiende?
Entonces hoy día con la retrospectiva del tiempo, digo ¡que lindo ha sido todo! Si me hubiesen hecho firmar una hoja en blanco anticipándome todo lo que iba a venir por delante ¡firmo, pero de inmediato! Todo lo que me ha pasado ha sido el de los mejores escenarios. Pero a la vez, se pasa muy rápido, no te das cuenta y ya son 30 años.
Bajo tu experiencia ¿Qué rol juega la suerte, el talento, y el esfuerzo en todo esto?
A ver, yo creo que hay de todo un poco. Tiendo a no creer en la suerte, pero también entiendo que hay cosas que no tienen mucha explicación. Lo que sí, es que esto tiene muchísimo sacrificio. Te voy a contar algo. Cuando entré a hacer la práctica a Megavisión, tuve que renunciar a una pega en una consultora de marketing donde ganaba bastante bien. Era buena plata. Un millón y medio, y te estoy hablando hace 30 años. En esa pega tenía proyección y opciones grandes de crecer. Pero al final, renuncié por una práctica donde me pagaban 5 lucas en el Mega. O sea, ¡pasé de un millón y medio, a cinco lucas! Cuando fui a renunciar a la consultora, mi jefe sencillamente no lo podía creer.
¡O sea, tu convicción por las comunicaciones era total! Todo o nada.
Yo siempre pensé que hacer la práctica en un canal de televisión sería el camino para llegar a donde realmente soñaba: la radio. Pero ese año terminé entregándome por completo al trabajo. Pasaban semanas sin ver a mi papá, porque me ofrecía para cubrir turnos los fines de semana y ya casi no podía viajar a Curicó. Incluso me fui a vivir cerca del canal para ahorrar tiempo y dinero en locomoción. Eso me permitía quedarme hasta más tarde, aprender todo lo que pudiera y aprovechar cada oportunidad.
También dejé de ver a mis amigos. Todo eso implica una renuncia importante. Sobre todo al comienzo, cuando sientes que tienes que darlo todo. No digo que sea el camino correcto ni que lo recomiende, pero así lo hice yo y, en mi caso, funcionó.
Entonces ¿cómo llegaste a pasar delante de cámara?
Nunca me imaginé eso. Yo jamás pensé trabajar en pantalla, porque en esa época para hacer eso, tenías que ser conocido, tener contactos, ciertos cánones estéticos, entre otras cosas ¡No calificaba por ninguna parte! (ríe) Yo trabajaba como asistente de producción en el Informe del Tiempo.
¿Pero en qué momento ocurre ese punto de inflexión?
Mi práctica había terminado hacía un mes, pero me mantuvieron en el canal. Un día faltó una persona y alguien me desafió: «A ver, no eres tan chorito… ponte frente a la cámara». Hice la prueba y les gustó. (Ríe). Ahí pensé: «Bueno, tan mal no lo estoy haciendo». Fue el momento en que entendí que había algo que podía desarrollar. Me propuse potenciar esa faceta y, desde entonces, todo empezó a darse de manera muy natural, en paralelo al trabajo que ya hacía en radio.
Y ahora, conduciendo el «Buenos Días a Todos»…
¡Uf! ¡Muy loco! En un canal como TVN que tiene sus particularidades, donde la televisión pública se hace sentir, en el programa más editorial de todos, donde evidentemente si no estás alineado lo vas a pasar muy mal. Ha sido una experiencia de aprendizaje potente y muy desafiante, porque he tenido que reaprender hacer televisión, en el modo televisión pública. Al mismo tiempo es muy lindo, porque la gente que trabaja en TVN tiene un sentido de la televisión pública muy especial, tantos camarógrafos, sonidistas, tramoyas ¡todos! Y eso uno, por supuesto que lo absorbe.
¿Se siente cierta presión de estar en un espacio histórico como lo es el matinal?
La marca de Buenos Días a Todos es tremendamente potente. Es uno de los programas más longevos de la televisión chilena y por ahí han pasado conductores muy importantes, entre ellos Felipe Camiroaga, cuya historia quedó profundamente ligada al programa y también a una tragedia que marcó para siempre al matinal.
Llegar a ese lugar genera una enorme responsabilidad. Haciendo una analogía futbolística, es como ponerse la camiseta número 10 de un equipo grande: independiente de si estás peleando el campeonato o no, la historia y el peso de esa camiseta siguen estando ahí. Uno asume ese desafío intentando entregar lo mejor de sí, con honestidad y respeto, porque al final eso es lo más importante.











