Colores, materiales, figuras geométricas, luz y espacio son los elementos que conforman esa fórmula perfecta, a veces algo incierta, con la cual el escultor mexicano, Rodrigo Garagarza, nos cautiva con un arte que invita a jugar, a sorprenderse y a un viaje de imaginación.
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- Entrevista: Marcela Cademartori
- Fotografías: cedidas por artista
- Instagram: @rodrigo_garagarza
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Su arte está en constante evolución. Un movimiento creativo que avanza hacia espacios que asombran al propio artista y también al espectador. La clave pareciera radicar en una mezcla de juego, otra dosis de imaginación y una búsqueda casi espontánea hacia un resultado con el que logra sorprender. El trabajo jamás se detiene en la bitácora de este artista oriundo de la Ciudad de México.
Rodrigo Garagarza tiene esa mezcla perfecta entre el conocimiento que entrega la arquitectura – carrera que estudió inicialmente-, la creatividad que todo artista lleva en su ADN y la inquietud dada por una personalidad que avanza constantemente hacia ámbitos en donde aparece lo nuevo, aquello que sorprende y atrapa. Todos, elementos que llevan a una narrativa que cautiva al espectador de sus obras.
Su cercanía con el mundo de las figuras geométricas partió desde su niñez, llamándole la atención las cajas de cartón con las cuales armaba diferentes figuras. “Recuerdo que una vez mi abuelo llevó dos de mis modelos al taller de un herrero para que los convirtieron en figuras reales de dos metros de altura. Me maravilló ver ese trabajo. Fue impresionante descubrir cómo una placa de acero se transformaba en una pieza de arte”.
Cuando tenía 16 años, Rodrigo expuso por primera vez en una galería, lo cual cimentó otro hito en su incipiente carrera.
Durante varios años tuvo la oportunidad de incursionar en el ámbito de la museografía, lo que le entregó el conocimiento para el desarrollo de guiones de curadoría de piezas de otros artistas y así entender sus obras.
En paralelo, desarrolló un curso de escultura en Italia y de museografía en República Checa, una experiencia que lo llevó a tomar la decisión, en el año 2011, de seguir una carrera como escultor y potenciar su propia marca: Rodrigo Garagarza.
“Lo que me emociona es hacer exposiciones y también intervenciones en lugares donde exista un valor arquitectónico en el entorno. Se pueden generar contrastes que son interesantes”.
Muestras en San Antonio, Texas, el Palacio de Minería en Ciudad de México y el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro se convirtieron también en parte de su destacado currículum.
EL JUEGO COMIENZA
El arte de Rodrigo podría entenderse como un juego en perpetua transformación, donde cada obra comienza con el misterio de los materiales. Madera, acrílico, acero, vidrio… nada está definido, porque su proceso creativo se rige por la curiosidad, el tacto, la intuición y la voluntad de asombrarse con lo inesperado.
Es tan espontáneo su proceso creativo, que el escultor en un gesto cómico nos muestra un rincón en donde están todos aquellos proyectos que no resultaron como quería. “Pero los guardo porque uno nunca sabe si pueden servir para rematar o agregarlos a otra pieza que esté creando”.
El siguiente paso es entender la forma geométrica que le da un sello general a sus obras, y es acá cuando Rodrigo nos explica que están inspiradas en las matatenas, un juguete tradicional de generaciones pasadas. “Es la base de mi inspiración, pero desde ahí voy experimentando con diferentes formas, aplicaciones, materiales, colores y probando otros elementos que se me ocurren”.
Prueba de ello es una repisa que invita a un entretenido recorrido, donde yacen perfectamente alineadas diversas figuras, todas con el sello de una matatena. “Puedes ver algunas con brazos hacia afuera, otras con ejes circulares hacia adentro, pero todas tienen un punto central de conexión”.
A esto Rodrigo suma otro detalle y es la impronta que ha depositado en este proceso creativo llamado evolución. “He intentado llegar a algo más figurativo desde la geometría. Me gusta presentar figuras que nos lleven a imaginar algo que ya conocemos, pero que también nos trasladen a espacios en donde surjan nuevas posibilidades”.
Jugar con los soportes es otra de las cualidades en los trabajos de Rodrigo, ya que su juicio, esto le entrega un valor adicional a la pieza. Luz y el espacio en donde la obra se va a insertar también entran en este juego capaz de sorprender.
En cada propuesta de este escultor todo tiene un por qué y una razón de ser. Y es que siempre hay elementos que se concatenarán hacia una nueva manera de ver, interpretar y disfrutar la obra.
DESAFÍOS CREATIVOS
Las formas y los colores en la escultura de este artista son elementos centrales para generar ese carácter tan único a partir del cual sus obras evocan diferentes emociones. “Existe una combinación entre geometría, luz y espacio, lo cual interactúa con las esculturas, creando diferentes sensaciones y significados”.
“En mi caso – añade Rodrigo- la escultura me conecta conmigo mismo, y con la naturaleza y sus elementos. Me permite apreciar la construcción geométrica y los procesos. Y desde acá, uno de mis deseos es crear esculturas interactivas en espacios públicos”.
Diferentes efectos desde el uso de materiales, colores e iluminación se convierten en obras cuyo relato nos invitan a jugar, a imaginar y a trasladamos a ese espacio en donde caben todas las posibilidades. Solo debes identificar la que a ti te hace sentido. ¿Te animas a experimentar?







