FUNDACIÓN ÁFRICA DREAM

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Una fuerte sensibilidad social hacia los más desfavorecidos, impulsó a Gabriel Melo Gaymer a hacer una pausa el año 2019 en la marina para viajar al continente africano como voluntario. Más allá de trabajar arduamente entre marzo y noviembre capacitando a las comunidades Samburu en agricultura orgánica, el ingeniero naval eléctrico aprendió a valorar las cosas simples de la vida y a conocer gente increíble que a pesar de subsistir con lo mínimo enfrentan el día a día con una gran sonrisa.

Había llegado el día anhelado. El 1 de marzo Gabriel Melo (31) pisaba por primera vez suelo africano como voluntario de la fundación chilena Africa Dream, haciendo patente su deseo por ayudar a los demás en el continente más pobre del planeta. La misión apuntaba a las áridas tierras Samburu, en Kenia, donde la  deshidratación por las sequías y el hambre por la escasez de alimentos son una cruda realidad con la que conviven miles de personas a diario.

Por lo mismo, nace el proyecto de agricultura orgánica “Samburu Garden in: Lodungowke, Tuum and Barsaloi”, el cual busca mejorar la dieta alimenticia de las tribus Samburu e incluso generar ganancias a nivel familiar vendiendo los excedentes de sus huertas.

“El primer tiempo me dediqué a aprender, tratando de participar de todos los quehaceres diarios que se desarrollaban en la tierra. Aprendí de los animales, cómo cuidar de ellos y cómo tratar con ellos. Además, me di cuenta de lo duro que es el trabajo manual en la tierra, tanto que hoy he aprendido a valorar con gran admiración a quienes entregan su vida a esta noble labor”, relata Gabriel.

Fundación Africa Dream busca mejorar la vida de los habitantes del África subsahariana generando soluciones sustentables a  través del envío de capital humano – voluntariado – en áreas de educación, salud, agronomía y otras especialidades.

Aprovechando el tiempo libre los fines de semana, el oficial de Marina recorría las localidades del gran Nairobi para entablar nuevas amistades y enriquecerse de una cosmovisión diametralmente opuesta a la occidental. “Conocí las condiciones de vida de los pueblos en las tierras Samburu al centro-norte del país – añade -. Gente tradicionalista y muy apegada a sus costumbres, personas que aprenden a reír al máximo teniendo el mínimo”.

Su contraparte, la gran metrópolis de Nairobi – comparable con Santiago – refleja contrastes sociales abismantes, plagadas de instituciones corruptas, “esto me hace reflexionar a menudo sobre lo que es éticamente correcto en una sociedad moderna”, cuestiona Gabriel.

En su retorno a Chile, nos contactamos con el voluntario que retoma su servicio en Iquique con una cosmovisión completamente renovada, pero para bien. Se autodefine extrovertido, apasionado en todo lo que hace, católico y muy apegado a sus padres y tres hermanas. Mantiene su interés en la naturaleza, deporte – surf, escalada en roca y bicicleta de montaña – y música.

¿Por qué te unes a esta causa?

Por mi fuerte sensibilidad social hacia los más desfavorecidos. ¿Porqué África y no otro lugar?, simplemente  creí que el impacto de mi trabajo sería mayor en dicho continente, históricamente el más pobre del mundo. Además, despegarme de mi “zona de confort” y concretar este viaje fue un sueño cumplido.

¿Cómo das con Fundación Africa Dream?

A comienzos de 2018 ya tenía tomada la decisión de viajar y poner en pausa mi servicio a  bordo  de las unidades de la Marina como ingeniero eléctrico (estaba en Iquique). Investigué por internet distintas ONG´s que ofrecían voluntariado para profesionales en el continente africano, y me gustó Africa Dream por su buena acogida y el feeling logrado con su director ejecutivo, con quien estuve trabajé  en Santiago dos meses previos al viaje.

Fueron 9 meses en Kenia con un proyecto de agricultura orgánica…

Me asignaron en un proyecto social de los misioneros Javieranos de Yarumal (Colombia), de entrenamiento en agricultura orgánica a las comunidades Samburu. En estas áridas tierras la deshidratación por las sequías y el hambre por la escasez de alimentos, son una cruda realidad del día a día.

¿En qué consistía el programa?

El trabajo desarrollado en “The 3000 Friends Farm”, a las afueras de la capital Nairobi, consistió inicialmente en la organización y sistematización de los procesos desarrollados en la granja, buscando por medio de distintas herramientas la auto-sustentabilidad. ¿Propósito? Mejorar la dieta alimenticia de la gente Samburu teniendo incluso la posibilidad de generar ganancias a nivel familiar vendiendo los excedentes de sus huertas.

Entiendo que tuviste experiencias mucho más potentes a nivel personal, ¿cómo te hicieron sentir?

Además del trabajo en la granja, realicé muchas otras actividades paralelas, como las visitas a los orfanatos de niños y las visitas dominicales a la cárcel de mujeres, donde el simple hecho de estar con ellas, a veces compartir conversaciones, penas y risas, me llenaban el alma.

Sin duda, esta experiencia me ha llevado a cuestionarme muchas cosas, me ha llenado de un espíritu de humanidad y empatía al prójimo con una intensidad que nunca antes había tenido.

Imagino que tu perspectiva, planes o proyectos de vida cobran un nuevo  significado.  De todas maneras. Creo que cualquier persona, tras vivir una experiencia totalmente ajena a lo acostumbrado, cambia su perspectiva, y para bien, pues le abre la mente a distintas realidades, en este caso muy complejas y diferentes a las propias.

El futuro siempre es incierto, sin embargo, a corto plazo retomaré mi rumbo en la Marina con una nueva forma de ver la vida, que sin dudas será algo positivo. Concerniente a mis  proyectos personales, espero ir concretándolos “pole pole” como dicen en Kenia, es decir, “despacio despacio”.

 

Texto de Cristian M. Caces – Fotografías de @gabrielmelo149

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