Fundación Ñamku

UNA CRUZADA PARA VALORAR Y PROTEGER LA FAUNA SILVESTRE

Dos médicos veterinarios juntaron sus experiencias profesionales y su pasión por el mundo de la fauna silvestre para conformar un proyecto que hoy protege, rehabilita y reinserta a especies dañadas. Un hermoso camino que hoy los tiene realizando un valioso aporte hacia el ecosistema que nos rodea.

Educar parece ser la clave a partir de la cual los seres humanos debemos conocer la importancia que tienen los ecosistemas y todo lo que estos albergan para la calidad de vida de los seres humanos. Sin darnos cuenta los hemos destruido paulatinamente, sin sospechar que los únicos afectados somos nosotros mismos.

Tomar acciones concretas y concientizar de este tema a la comunidad ha sido solo una parte del trabajo que Fundación Ñamku comenzó a visibilizar desde el 2014, año en el que nace esta organización, cuyo nombre proviene del mapudungún “aguilucho”.

Sus fundadores, Pablo Salah y Eduardo Hernández, siempre han sido unos apasionados de los animales, tal como reflejan sus profesiones. “Ambos somos médicos veterinarios y trabajábamos en la Universidad Santo Tomás. Si bien estábamos en áreas diferentes, un día encontramos que nuestras ideas coincidían en varios puntos y ahí decidimos que teníamos que armar un proyecto juntos”.

 “Al comienzo usamos la casa de Eduardo como lugar para recibir a las especies que necesitaban rehabilitación, pero a poco andar nos dimos cuenta que existían algunas  como el zorro que requerían de mayor espacio. Fue ahí que comenzamos a buscar un terreno. Después de varias conversaciones con el Gerente de Medio Ambiente de  ENAP y luego con el municipio de Concón, llegamos al lugar donde actualmente nos encontramos en el Parque La Isla”.

Pero nuevos desafíos vendrían para estos dos profesionales, ya que había un importante trabajo por hacer y en el cual se necesitarían recursos. El destino hizo que conocieran a Cristián Von Reitze, perteneciente a la fundación estadounidense FIAA (Foundation for International Aid to Animals),  que apoya a centros de rescate alrededor del mundo. 

“Fue un tremendo aliado, ya que nos permitió contar con toda esa parte que sustenta a un proyecto como este en lo económico y en lo relacionado con gestión. De hecho, ha mostrado  a Fundación Ñamku como un ejemplo a destacar por su innovador concepto”. 

 ¡ELLOS SÍ IMPORTAN!

Hablar de protección de la fauna silvestre parece ser un tema  aún lejano para las personas. Mitos, desinformación o sencillamente desinterés son parte de una dinámica que nos ha llevado a destruir los ecosistemas y el tremendo potencial que estos tienen. “Cuando desequilibras estos sistemas aparecen plagas e incluso enfermedades que terminan afectando a los seres humanos. Esto es real, no es ficción. Por eso una gran parte de nuestra labor apunta a educar con respecto a cuál es la función de cada especie, de porqué debemos preservarla y cómo debemos actuar en caso de que estemos frente a un animal herido o enfermo”.

Pablo y Eduardo explican que la educación es el punto de partida. “Cada vez son  más las personas que saben cómo reaccionar o qué hacer. Existen protocolos bien definidos. Se debe llamar al SAG o Sernapesca, dependiendo de la especie de la que se trate y son ellos los que nos derivan a nosotros. De todos modos, si alguien nos contacta, también podemos dar algunas instrucciones de qué hacer frente a ciertas situaciones. Lo importante es saber cómo proceder, ya que el objetivo final es la seguridad de la especie y también de las personas”.

Una vez que el ejemplar llega a la Fundación, se evalúa y se inicia el proceso de rehabilitación. “Ahora bien, dependiendo de su estado de gravedad se decide si esta es devuelta a su hábitat natural, se queda en cautiverio o se aplica eutanasia”.

“Por lo general, las especies que acá llegan vienen con heridas productos de disparos, atropelladas o envenenadas. Hemos recibido zorros, pingüinos de diferentes especies y  cóndores, entre otros”.

Para ello el lugar dispone de cómodas espacios protegidos, entre los que en un rápido recorrido se observa un concón y un pingüino que pareciera disfrutar del momento. Un espectáculo que nos sorprende. Definitivamente es algo mágico.

De fondo, se encuentra el humedal de la desembocadura del Río Aconcagua y a corta distancia nos enfrentamos a otro gran espectáculo digno de contemplar. Allí se encuentran varias taguas que parecieran deleitarse con la suave brisa que a esa hora sopla en el Parque La Isla y cisnes coscoroba, que comenzaron a volver al humedal

“Queda aún mucho por hacer. Es necesario seguir informando para que las personas entiendan que todo tiene una razón de ser dentro de un ecosistema. Que los murciélagos no son sinónimo de mala suerte, o que las culebras que podemos encontrar en el jardín, no son peligrosas para el ser humano. Son grandes depredadoras y no debemos matarlas”, acotan Pablo y Eduardo.

La reflexión con la que nos quedamos luego de conocer un lugar como  Fundación Ñamku y la labor que esta realiza, es  lo maravilloso que es descubrir la naturaleza  y todo lo que en ella habita. Es  un valioso tesoro que debemos cuidar y proteger. Todo lo que en ella ocurra nos afectará de alguna u otra manera a nosotros. El momento de comenzar es ahora, mañana será tarde.

 

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