Hugo Grisanti Historia, Dramatismo & Personalidad

Su estilo es único. Llama la atención porque escapa a toda idea o línea en tendencia de la que se pueda estar hablando por estos días. Es el sello que el arquitecto y diseñador de interiores ha impuesto y por el cual es ampliamente reconocido en la escena nacional. Sus proyectos se visten de relato, de una magia narrativa y de una propuesta estética tridimensional que en esta edición de Costa Magazine te invitamos a conocer en profundidad.

  • Entrevista: Marcela Cademartori
  • Fotografías: Juan Pablo Jaramillo & Alfredo Gildemeister
  • Instagram: @hugo.grisanti

El nombre de Hugo Grisanti resuena con frecuencia y fuerza en la esfera del diseño contemporáneo. Es que su trabajo impacta, sorprende e invita a sumergirse en una atmósfera cargada de carácter y dramatismo. Cada elemento, color e idea propuesta por el profesional obedece a composiciones meticulosas que mezclan épocas, materialidades y recuerdos. Para Grisanti, el interiorismo no es ornamentación; es la puesta en escena de la historia de cada habitante.

“No me siento a gusto con los espacios minimalistas. Considero que nuestro viaje por la vida está lleno de momentos, objetos y capas, por lo que no veo practicable habitar un lugar lleno de limitaciones, tanto cromáticas como de elementos. Siento que son espacios sin vida, vacíos de emoción. Los espacios deben tener personalidad, historia y un guion claro que sea capaz de generar composiciones donde se mezclen los estilos, las vivencias y la memoria de cada uno”, explica con convicción.

Una niñez y juventud ligada íntimamente con el mundo del arte, la estética y el coleccionismo lo llevaron a desarrollar, de forma casi intuitiva, esta faceta artística. Con los años, este impulso fue perfeccionándose y moldeando el sello por el que hoy es aplaudido.

“Tuve la suerte de vivir desde chico en un ambiente donde el diseño era fundamental; era la fuente de trabajo de mi madre, que es diseñadora. Crecí y viví en torno al diseño en todas sus expresiones. Por eso, tuve desde el inicio una mirada bastante atrevida. Los primeros pasos independientes fueron los más complejos, ya que tratar de imponer un estilo con color y conceptos potentes no era algo común en el mercado chileno. Sin embargo, insistí en mi propuesta y, con el paso del tiempo y el desarrollo profesional, mi estética fue adquiriendo un tono un poco más comercial, pero sin perder jamás un ápice de identidad”.

Mientras la mayoría de los profesionales del área apostaba de forma segura por la pulcritud del blanco absoluto, el minimalismo y las maderas claras, Hugo experimentó con atmósferas más densas, oscuras, teatrales y sofisticadas. Con los años, esa audacia inicial decantó en una sofisticación madura. Hoy, su trabajo no busca la provocación por el simple hecho de romper esquemas, sino la construcción de una elegancia atemporal y envolvente.

LA AUDACIA DEL COLOR

Para Hugo Grisanti, el uso del color es la pieza central e innegociable de sus propuestas. Alejado por completo de los tonos neutros tradicionales y las paletas predecibles, su inclinación natural se orienta hacia matices saturados que evocan energía, misterio y que invitan a insertarse en un relato visual.

“Uno de mis grandes desafíos actuales es lograr composiciones cromáticas nuevas. La psicología del color siempre está aplicada en mi taller, ya que los tonos nos transmiten mensajes directos y gatillan emociones particulares. Eso está presente en el alma de cada proyecto. Generalmente defino un color principal, un secundario y un tercero que funciona como acento o acompañamiento. Uso mucho color, pero bajo una estricta curatoría; no se trata de mezclar grandes cantidades de tonos al azar, sino de buscar un equilibrio armónico dentro del dramatismo”, revela el diseñador.

La luz es otro elemento arquitectónico central en sus obras. Hugo Grisanti la trabaja de manera escenográfica, casi cinematográfica, creando claroscuros calculados que aportan misterio, zonifican los espacios y realzan de manera única las texturas de los materiales elegidos.

El uso profundo del terciopelo, los papeles murales ornamentados de inspiración europea, los metales oxidados y los mármoles con vetas expresivas y teatrales son los detalles finales de una narrativa que apela directo a la emocionalidad del espectador.

“Hoy en día, lo que más nos tiene motivados en el estudio es la nueva opción de personalizar los materiales. El mercado actual nos abre la puerta a intervenir texturas, diseñar patrones propios y desarrollar revestimientos a medida, lo que nos permite llegar a resultados y diseños con un sello de autor mucho más marcado, único e irrepetible”.

Cada espacio y cada encargo es un lienzo en blanco. Es la fuente de inspiración primaria desde donde Hugo Grisanti comienza a trazar las primeras líneas del guion de su propuesta, logrando que cada rincón se vista de carácter. “La elección de colores y materiales es una búsqueda constante, casi obsesiva. Cada proyecto tiene su propia paleta cromática y su propia selección de texturas. Me pasa que me enamoro perdidamente de un material para un proyecto específico, y luego me vuelco hacia otro completamente distinto en un espacio diferente. El contexto lo dicta todo”.

UN PORTAFOLIO CON ALMA

La trayectoria de Hugo Grisanti se resume en un extenso y aplaudido portafolio compuesto por proyectos de diferente índole: desde residencias hasta espacios corporativos y comerciales. Sin embargo, si se trata de elegir cuáles son los formatos que más lo entusiasman y desafían en la actualidad, el arquitecto entrega una postura clara.

“Lo que más me entusiasma hoy es el mundo de los restaurantes. Actualmente estamos desarrollando varios proyectos hoteleros y gastronómicos tanto en Chile, como fuera del país. Quiero especializarme con fuerza en esa área, porque me fascina la dinámica de ese mundo. Pero también, como siempre digo, tengo un gran proyecto pendiente en mi lista de deseos: me encantaría hacer el interiorismo y la renovación de los espacios del Palacio de La Moneda”.

Al transitar hacia la esfera de sus hitos más emblemáticos, Hugo se refiere a una obra en particular que marcó un antes y un después en la percepción pública de su trabajo. “El Hotel Bidasoa fue, sin duda, un proyecto consagratorio para nosotros. Allí tuvimos la valiosa posibilidad de plantear un concepto integral completo y un desarrollo sumamente amplio de esa narrativa en las habitaciones, los espacios comunes y los restaurantes. Fue una gran escuela donde aprendimos muchísimo del rubro hotelero, además de contar con la confianza de los clientes, quienes nos dejaron expresarnos libremente y sin restricciones creativas”.

El arquitecto comprende que cada proyecto posee una identidad propia, por lo que establece una diferencia sutil, pero fundamental, entre el desarrollo de una obra residencial y el diseño de un espacio de carácter eminentemente comercial.

Mientras que el diseño residencial exige una intimidad profunda, empatía y un proceso delicado de sintonía con la biografía y el día a día del cliente, los hoteles y restaurantes le permiten liberar su faceta más lúdica, libre y cinematográfica. En estos últimos, cada rincón se planifica meticulosamente como si fuera un fotograma de una película; un fondo perfecto para la conversación, el encuentro social, la desconexión y la construcción de memorias de viaje.

“Desde este punto de vista, la principal diferencia radica en la intensidad del concepto que se aplica. En un restaurante o en un hotel de paso, donde el usuario está solo un par de horas o vive una experiencia acotada de pocos días, puedes apostar por una estética mucho más intensa, dramática y estimulante, ya que son espacios que por su dinamismo no te agotan visualmente. En cambio, el mundo residencial tiene que ser un poco más reposado, dialogar con el descanso cotidiano. Sin perjuicio de ello, e independientemente del formato, igual aplicamos nuestra reconocible firma estética”.

Entre la audacia conceptual, la riqueza narrativa y un manejo magistral del color, Hugo Grisanti se sitúa hoy como un referente ineludible e inspirador del interiorismo latinoamericano. Un explorador incansable en su búsqueda hacia nuevas materialidades y texturas que le permitan seguir diseñando espacios que hablen, que cuenten historias y que pincelen dramatismo. Verdaderas obras de arte tridimensionales que se habitan, se respiran y se disfrutan.

Edición 193 • Junio 2026

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