Hay quienes hacen trucos, y hay quienes alteran la realidad. Jean Paul Olhaberry pertenece a este segundo grupo. Basta con verlo en escena para que el tiempo se suspenda, el aire se cargue de preguntas y el asombro se apodere del público sin pedir permiso. En sus manos, lo imposible no solo parece real: se vuelve inevitable. Esta es la historia de un niño que recibió una moneda mágica y jamás volvió a mirar el mundo de la misma forma. Prepárate para entrar a un universo donde la lógica se quiebra, la emoción flota, y la magia… simplemente sucede.
- Entrevista: Marcela Cademartori
- Producción: JPO
- Instagram: @jeanpaulmago
Muchos aún recuerdan su participación en el Festival de Viña del Mar en 2024. Aquel truco de cartas que descolocó incluso a los más escépticos no fue solo una demostración de técnica impecable: fue un momento de silencio colectivo, un respiro suspendido que recordó por qué la magia, más que un arte, es una emoción. ¿Qué tiene el ilusionismo que nos sacude con tanta fuerza? ¿Por qué nos conmueve? Tal vez porque, por un instante, nos saca del suelo. Nos arranca de la lógica, nos devuelve la capacidad de creer. Es mirar con ojos de niño. Es habitar esa dimensión en la que, quizás, sí podemos volar.
Desde el inicio, la conversación con Jean Paul Olhaberry se siente diferente. Como si estuviéramos entrando en una burbuja ajena a lo cotidiano, un lugar donde el tiempo no apura y lo imposible parece plausible. Su tono es pausado, su mirada intensa. A su lado, uno se siente parte de una historia que aún no ha terminado de contarse. La suya empezó a los ocho años, cuando el mago Fernando Larraín visitó su colegio. “Transformó unos guantes en paloma, rompió una corbata y la recompuso. Al final, me regaló una moneda. Sentí que me traspasó un objeto mágico”, recuerda. Ese momento marcó el inicio de un camino que, sin saberlo, ya estaba trazado.
Aunque el arte siempre rondó su casa —es el menor de cinco hermanos—, nadie en su familia se dedicaba a la magia. Y mucho menos pensaron que eso podría convertirse en una carrera. “En Chile, e incluso en otros países, no existen estudios formales para magos. Todo se aprende viendo a otros o leyendo libros. Por eso, seguir este camino era un salto al vacío”, cuenta. Aun así, lo dio. Larraín fue su primer guía, y con solo ocho años, Jean Paul ya sabía que lo suyo no era una ilusión pasajera.
SALTO A LO IMPOSIBLE
Durante su adolescencia ya sorprendía con sus actos en escenarios pequeños, donde los primeros aplausos reforzaban su convicción. Sin embargo, al llegar la hora de elegir una carrera, optó por Ingeniería Comercial.
“En mi familia no creían que pudiera vivir de la magia”, confiesa. Pero en 2003, un giro inesperado cambió todo: supo de un campeonato internacional de magia en Holanda, al que asistirían más de 5.000 ilusionistas de todo el mundo. Compró el pasaje, viajó, y en ese viaje descubrió que no podía postergar más su vocación. “Sentí que la magia explotaba en mi cabeza. Era lo mío”.
Ese impulso lo llevó por España, Francia, Estados Unidos y especialmente Barcelona, donde descubrió la magia callejera. “Ahí aprendí el contacto real con el público, el poder de cautivar a personas que no te están esperando. Solo tienes tu talento, una baraja y la capacidad de transformar un instante”, dice. Esa etapa fue su verdadera escuela. “La magia fue una llave que me abrió puertas”, afirma.
La consolidación vino pronto. En 2004, junto al dúo Magic Twins, comenzó a presentarse en eventos corporativos. Su nombre ganó espacio en medios, y su paso por el programa de Vivi Kreutzberger le dio una visibilidad masiva. Fueron diez años de éxito sostenido que lo posicionaron como uno de los magos más importantes del país. Pero Jean Paul no se quedó ahí. Sabía que había algo más profundo que explorar.
EL MAGO DEL FIN DEL MUNDO
Fascinado por el legado ancestral ligado a la magia en Chile, decidió recorrer el país, desde Putre hasta la Antártica, en busca de historias, símbolos y sabiduría olvidada. Así nació el proyecto El mago del fin del mundo. ¿El resultado? Un documental emitido por Latam, en el que se mezcla mística, paisaje y memoria.
“Me interesa mucho esa conexión entre la magia y la espiritualidad. A lo largo de la historia, los brujos y magos han sido buscadores de respuestas”, reflexiona. De esa experiencia surgió también una saga literaria, publicada por la editorial Zig-Zag. Ya circula el primer tomo, y el segundo está en proceso.
Paralelamente, Jean Paul fue cosechando reconocimientos a nivel internacional. Hoy es considerado uno de los diez mejores magos del mundo por FISM (la Federación Internacional de Sociedades Mágicas) y ha sido galardonado en ocho ocasiones por distintas instituciones. Entre ellos destaca el Merlin Award, el mayor reconocimiento que otorga la International Magicians Society, compartido por figuras como David Copperfield y Criss Angel. Estos premios confirman lo que su público ya sabe: Jean Paul no solo domina la técnica, también emociona.
Pero más allá de los galardones, está su capacidad de contar historias a través del asombro. Sus espectáculos Ilusión y Mystery han llenado teatros combinando poesía visual, grandes ilusiones y una estética cuidada. Además, ofrece conferencias bajo el título Despierta tu propia magia, en las que explora el poder de creer en lo imposible como una herramienta vital.
INFINITO
Este año, Jean Paul celebra dos décadas de trayectoria con un espectáculo que promete ser un hito: Infinito. Se estrenará en la Estación Mapocho, el mismo lugar donde vio volar a David Copperfield en 1997, siendo solo un niño. “Ese momento fue decisivo para mí. Ahora quiero que otros vivan algo así”, dice con emoción. El montaje está pensado para toda la familia y cuenta con un equipo técnico de primer nivel, que trabajará en crear una experiencia envolvente e inolvidable.
Además de este estreno, su agenda sigue llena: la continuación de su saga literaria, nuevas investigaciones sobre la magia ancestral y presentaciones internacionales con El mago del fin del mundo, que sigue expandiéndose como concepto escénico y espiritual. También protagoniza la película The Magician, una historia inspirada en su vida, donde la magia y el amor se entrelazan para descubrir el verdadero propósito de un joven ilusionista.
Jean Paul Olhaberry no hace magia para engañar. Lo suyo es abrir una grieta en la rutina, un umbral en la razón. Por eso, sus espectáculos no se recuerdan solo por los efectos, sino por lo que provocan. Al salir del teatro, el espectador no solo se pregunta cómo lo hizo. Se pregunta por qué dejó de creer que eso era posible. Y esa es la verdadera magia.
Cuando le preguntamos qué es lo que busca lograr en cada show, responde sin dudar: “Que alguien, aunque sea uno, vuelva a soñar”. Con Jean Paul todo puede ocurrir. Por eso, te extendemos esta invitación final: vámonos de viaje con un mago.











