LA GRATITUD

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En el mes de agosto celebramos a todos nuestros niños, disponiendo de un día especial para festejar y llevarlos a disfrutar de la ocasión. La mayoría de las veces nos complicamos eligiendo una actividad que prometa ser inolvidable o averiguando algo especial que regalarles. Sin embargo y aún siendo muy asertivos en la elección, dentro de los mejores regalos que podemos dar a nuestros niños y niñas es el valor de la “gratitud”.

Actualmente los niños están enfrentados a múltiples desafíos y no existe ninguna duda que  cultivar “emociones positivas en la primera infancia”, a través del ejemplo y actitud de vida de los padres y madres durante su desarrollo infantil, es trascendental.

Fue durante la década de los 90 que Martin Seligman y sus colegas lanzaron al mundo la “Psicología Positiva”. Se inició el estudio científico de emociones como la gratitud, el optimismo, el perdón, la felicidad, la compasión y el altruismo. En ese momento esta era una idea revolucionaria en el campo de la psicología ya que la mayoría de los informes sobre las emociones humanas se habían centrado inicialmente en la “psicología negativa”, como la enfermedad mental, el trauma, la adicción y el estrés.

Se ha demostrado por diferentes investigaciones que cultivar la gratitud nos fortalece en tiempos de adversidad y agitación emocional, y conduce a una mayor felicidad y capacidad de recuperación.

Así mismo, la gratitud es la emoción que se relaciona con la capacidad de sentir y expresar agradecimiento y aprecio por la vida, además de valorar lo que se tiene: familia, colegio, comida, amigos, salud, etc.

Es importante que desde pequeños los niños y niñas puedan percibir que todas estas cosas que se dan en su entorno y en su hogar no deben darse por hechas sino que, para obtenerlas y estar en un perfecto equilibrio, hay que ocuparse y esmerarse, siempre con respeto y amor hacia el mundo que los rodea, agradeciendo  aquellas cosas que forman parte del día a día.

Además, de todas las virtudes que los padres pueden desarrollar en sus hijos, la gratitud está más fuertemente asociada con la salud mental.  También  aumenta la autoestima y el sistema inmune mejora así como la salud en general. Existen estudios sobre el corazón agradecido, en el que se comprobó que la gratitud mejora el funcionamiento del ritmo cardiaco y disminuye la presión arterial.

Así que, al regalarles como padres y madres la capacidad de expresar gratitud, no sólo se mejorará el bienestar mental, físico y relacional de los hijos, sino que también posibilita, a través del ejemplo, la experiencia y el aprendizaje de la mirada positiva, provocando que  independiente de las circunstancias en las que se encuentren los niños, puedan aprender lecciones y sacar algo bueno de ellas.

Al enseñar a tus hijos a trabajar la apreciación temprana de sus vidas, se les das un regalo de la verdadera autonomía: la libertad de elegir y crear por sí mismos una vida llena de alegría, amor y abundancia.

Ideas para potenciar y regalarles a nuestros niños la fuerza de la gratitud:

Ser un adulto agradecido en el día a día, conviviendo con los demás de manera humilde y agradecida de lo que se tiene, sin quejarte por lo que aún no posees.

Crearles conciencia y recordarles  lo que tienen como, por ejemplo, reconocer que tienen una rica cama, comida, amigos y familia.

Al término del día preguntarles por al menos tres experiencias por la que se sienten agradecidos, por ejemplo haber podido disfrutar un cumpleaños de algún compañero, haber participado de una excursión familiar.

Tener un pequeño cuaderno para que cumpla como el “diario de la gratitud” de la familia, donde cada uno de sus miembros anote alguna experiencia que los hizo sentir agradecidos.

Cada vez que descubras alguna experiencia que te gratifica, detente a sentirla y a continuación exprésalo a tus hijos, manifestándoles lo bien que te sientes por haber disfrutado de un bello atardecer, o el haber jugado con ellos  a la pelota o simplemente haber comido un rico helado. Les estarás regalando y mostrando, que son las pequeñas cosas las verdaderamente  importantes para vivir una vida plena y feliz.

 

Sandra  De la Garza Talavera

Psicóloga Clínica

UNAM / UV/ UCH

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