La complicidad de Las Javis

Complicidad y sentido del humor, ante todo. Así podría resumirse la energía que envuelve a esta dupla de amigas, que ha sabido desprenderse de la vergüenza, del pudor y de ciertas ataduras del pasado para reírse —sin filtro— de sí mismas, de sus historias y de todo aquello que las atraviesa.

Porque cruzando el umbral de los cuarenta, la vida se mira distinto: con más liviandad, con otra perspectiva. Se valoran cosas antes impensadas y, sobre todo, se aprende a soltar el peso de los errores para avanzar con mayor libertad.

Esa madurez, esa conciencia y ese relajo son el corazón de “Las Javis”, el podcast donde Javiera Díaz de Valdés y Javiera Acevedo se permiten hablar de todo sin tapujos. En un set virtual ambientado como un excéntrico invernadero, juegan, improvisan, se disfrazan y convierten cualquier tema en una mezcla de humor, reflexión y absurdo. Detrás de ese universo está la mirada de Héctor Morales, actor, director y guionista, quien da forma a este particular espacio creativo.

  • Entrevista: Pablo Yutronic
  • Maquillaje y pelo: Ely Gaby
  • Fotos y producción: Guille Vargas Pohl

Ya están riendo. Conversan quién sabe de qué, pero ahí están: puntuales, instaladas en una cafetería de Las Condes en una fría tarde de martes. Son las seis. Minutos después llega el equipo. Café, té, algo dulce. Todo dispuesto para una conversación que promete.

Ambas llevan la comunicación en la sangre. Actrices, modelos, figuras del espectáculo, han construido trayectorias paralelas: teleseries, cine, campañas, programas de cocina —y sí, también ganados—. Comparten códigos, experiencias, y una complicidad que se reconoce en la mirada.

Pero falta alguien. A los pocos minutos aparece Héctor Morales. Abrigo, lentes, saludo amable. Se sienta, pide un café y, ahora sí, la escena está completa.

¿Desde cuándo se conocen?

Javi A: Me acuerdo de haberte visto embarazada, pero todavía no éramos amigas. Yo pololeaba con Peter y coincidíamos en las fiestas de la productora Cuatro Cabezas. Ahí te vi por primera vez.

Javi D: Entonces debe haber sido entre 2008 y 2010, más o menos. Con Héctor, en cambio, nos conocemos desde antes. Trabajábamos juntos cuando éramos estudiantes de teatro, atendiendo en un restorán. Yo siempre lo admiré, porque era muy trabajólico, onda 25 horas al día… y eso no ha cambiado.

Y ustedes, ¿se consideran trabajólicas?

Javi A: Yo diría que por períodos. Trabajo cuando hay trabajo, pero si no, no soy de estar inventando cosas. No soy “busquilla”. Antes me preocupaba eso, pero después entendí que hay que disfrutar y aprovechar los momentos de pausa. Entre los 18 y los 27 años trabajé muchísimo, y ahí sí me sentía trabajólica.

Javi D: De hecho, de esa etapa nace un poco la idea de Las Javis. Nos llevábamos muy bien y nos decían que parecíamos dupla. Algo así como “La Vicky y la Gaby”. En esa época las teleseries empezaban a bajar, y le propuse a la Javi hacer una webserie. Teníamos guiones, capítulos, todo bastante armado, pero por distintas circunstancias no se dio y no conseguimos financiamiento. Diez años después, alguien nos sugirió adaptarlo a podcast. Y ahí todo calzó: yo venía de trabajar con Héctor en teatro, y él y la Javi habían coincidido en la segunda temporada de Top Chef Vip. Fue como si la vida nos quisiera juntar.

Veo una enorme complicidad entre ustedes, ¿recuerdan cómo se fue dando?

“Hace más de diez años. Nuestros ex pololos eran amigos, coincidíamos en eventos… y ahí se dio todo”, responden ambas. Cuando te ríes de lo mismo, odias a los mismos —y no odiamos a nadie (ríe)—, te das cuenta de que tienes mucho en común con la otra persona.

Coinciden: “Compartimos una mirada muy similar, con cierta agudeza. Hay muchas risas, pero también conversaciones profundas: de pareja, maternidad, trabajo… aunque al final, todo termina en risas”.

¿Qué es lo que más valoran del podcast Las Javis?

Javi D: Por mi parte, yo siempre asocio el trabajo al placer. De hecho, en 2019 creé la marca de skincare Libra y tras unos años, cuando dejó de ser placentero decidí dejarlo, se puso muy pesado. Y aunque uno necesita pagar las cuentas, no puedes dejar de disfrutar y de encontrar goce en lo que haces. Una película –por ejemplo– puede ser muy desafiante, puedes estar todo un mes hecha mierda, cansada, con noches enteras pasando frío, pero igual hay un goce. Creo que eso nos une a los tres.

Javi A: En mi caso es felicidad pura. Me siento plena, productiva. Todo lo que ocurre en el proceso tiene un componente lúdico: desde el momento de maquillarnos hasta cuando probamos vestuario. Es como volver a jugar a ser otra persona, sin tanta estructura ni rigidez. Me encanta ese espacio donde puedo improvisar, dejarme llevar, sorprenderme incluso de mí misma. Vibro mucho con lo desconocido, con no saber exactamente hacia dónde va a ir todo, porque ahí es donde aparece algo más genuino.

Hace diez años ¿te sentías con la madurez necesaria para enfrentar este programa?

Una siempre está capacitada para desarrollar lo que le propongan, pero la madurez sin duda tiene que ver, de entrada, con un tema de responsabilidad. Yo desde que soy mamá soy una persona mucho más responsable, en donde me preocupo de cumplir, de no faltarle el respeto a nadie, algo que antes, en una etapa más desequilibrada de mi vida, sinceramente no me importaba tanto.

Hoy día me ocupo mucho más de mí, de mi estado mental, de mi físico, de todo. También siento que le debo respeto a mis compañeros, a quienes me han dado una tremenda oportunidad, y eso lo valoro profundamente. Me interesa demostrarme que puedo, que soy capaz de estar a la altura y responder con compromiso.

¿Y en tu caso Javiera Díaz de Valdés?

Lo que más rescato de este proyecto es el buen momento que significa hacerlo. Disfrutarlo. Me encanta el tema de la ambigüedad en Las Javis, eso es algo que siempre destaco: que la gente se pregunte “¿son ellas?”, “¿de verdad piensan eso?”. Me gusta que no haya necesidad de dar explicaciones, que lo que quede en la duda, simplemente quede ahí.

Siento que hoy vivimos en una época donde todo el mundo está constantemente dando explicaciones de todo, con mucho miedo a las redes sociales, a ser “funado”, a equivocarse. Hay una preocupación permanente por decir y hacer lo correcto. Nosotras, en cambio, jugamos justamente con lo contrario: con la ambigüedad, con ese límite difuso.

Y al mismo tiempo, hay una necesidad muy real de comunicar. De una u otra forma, somos comunicadoras, y eso es lo que hacemos: desde el humor, desde la ironía, desde esa zona ambigua. No hay una intención evangelizadora ni de dar lecciones morales de nada. Pero todo lo vivido anteriormente te da perspectiva, contenido, material para hablar de las cosas que abordamos. Y eso finalmente lo ordena y lo aterriza Héctor.

Te dieron el pase Héctor, ¿qué destacarías del podcast y de trabajar con Las Javis?

¡La libertad creativa! Sin duda. El proceso de Las Javis se sostiene, ante todo, en la confianza que existe entre los tres. Ellas confían en que yo puedo proponer una pauta sobre un tema, y esa pauta luego funciona como una guía que abre el juego a la improvisación y al trabajo que hacemos en el set.

Tal como decía la Javi Díaz, también está muy presente esta idea de la ambigüedad que construimos. El hecho de estar en un invernadero ya es significativo: es como estar dentro de una cápsula, desde donde ellas pueden observar, reflexionar y filosofar sobre distintas dimensiones de la vida. Ese es, en el fondo, el paraguas del programa.

También ha sido interesante, siendo hombre, escuchar y aprender. Hay capítulos sobre bienestar, belleza, cuerpo… y todo eso se transforma en material creativo muy rico.

¿Algún tema en particular que les haya presentado un mayor desafío escénico?

Claro. En la próxima temporada tenemos un capítulo sobre la perimenopausia, y lo menciono porque ejemplifica muy bien cómo trabajamos. Yo propongo el tema, ellas lo aceptan, y a partir de ahí entramos en esa situación específica. Dentro de ese marco se abre la conversación, se exploran incluso aspectos concretos, como los síntomas, pero siempre desde el juego, la reflexión y la improvisación que caracteriza al proyecto.

Javi D: Sí, con la perimenopausia nos pusimos a revisar los síntomas y a comparar.

Javi A: Pero yo soy así de siempre, parece que nací con la perimenopausia…jaja

Por lo que veo Héctor siempre está alerta a sus conversaciones, a las temáticas femeninas, ¿no?

Así es. Siendo hombre, este proyecto me ha invitado a acercar más el oído a ellas, a escuchar con atención lo que viven y piensan en sus espacios cotidianos. En los ratos libres sé que entrenan, hacen pilates, yoga… Y eso también se cruza en el programa.

Hay un capítulo donde revisitamos el mundo del fitness, por ejemplo, y otro sobre la belleza en los cuarenta, donde ambas preparan un batido “para verse más bellas”. Desde ahí, cada una habla de la belleza desde su propio lugar, con su propia mirada.

Ese ejercicio actoral ha sido muy rico, porque permite explorar temas desde la observación, el humor y también desde la experiencia personal.

¿Qué pasa con las críticas o las “funas”?

“Puede pasar que alguien saque algo de contexto y lo interprete mal. Pero lo damos vuelta. Tenemos una sección que se llama “La tómbola de la mala onda”, donde leemos comentarios negativos y nos reímos. ¡El que se pica pierde!”, responden.

LUCES Y SOMBRAS DEL ESPECTÁCULO

Como figuras públicas desde hace años, ¿qué es lo mejor y lo más difícil de este mundo?

Javi A: Lo mejor son las personas. Lo que aprendes, lo que te entregan. Eso me llena. Lo más difícil es la exposición, los haters, perder cierta libertad. Es el precio. Aunque con los años, cada vez me importa menos.

Javi D: Yo partí tan chica que no recuerdo otra vida. Para mí, lo esencial es disfrutar el trabajo. Incluso lo más duro tiene algo de goce. Lo desafiante es la inestabilidad, no saber qué viene. Pero con el tiempo aprendes que lo único que importa es lo que piensan tus cercanos.

Héctor: También hay que aprender a filtrar. Alejarse de lo tóxico. Antes disfrutaba Twitter, hoy es imposible. Prefiero espacios más amables.

Entre risas, cafés que se enfrían y una conversación que fluye con naturalidad, queda claro que Las Javis no es solo un proyecto: es la extensión natural de una amistad. Un espacio donde el humor, la complicidad y la libertad creativa se encuentran para recordarnos —con ironía y sin solemnidad— que crecer también puede ser sinónimo de soltarse.

Edición 191 • Abril 2026

 

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