Las personas que aman demasiado

Catalina Marowski Aguayo

Psicóloga & Coach Certificado PUC

Psicoterapeuta de adultos

IG: @catamarowski

Durante décadas se mostraron que algunas experiencias eran casi exclusivas de las mujeres. Por ejemplo, una relación de pareja con abuso – mal trato físico y/o psicológico – o los llamados “problemas de autoestima” provenían del sexo femenino. Pero hoy, los hombres también son traídos por este motivo de consulta.

Están más conscientes y permeables a sumergirse en su mundo emocional y evaluar sus relaciones, partiendo por la que tienen consigo mismo. No solo mi experiencia en la consulta lo sustenta, algo está cambiando.

Recuerdo a alguien que obviamente no simpatizaba con los psicólogos decirme en cierta ocasión que “nosotros éramos los reyes del eufemismo”. Con los años he aprendido a aceptarlo como un recurso, aunque también como un estorbo para ganar consciencia.

El título elegido por la experimentada terapeuta estadounidense Robin Norwood, para su maravilloso libro Las mujeres que aman demasiado es un eufemismo para referirse a aquellas personas adictas al sufrimiento en pareja. Respire. Es durísimo enfrentarse a las palabras sin rodeo cuando la realidad se hace más densa.

Pues bien, resulta que treinta años atrás era inconcebible que existieran Hombres que aman demasiado o tal vez resulta imposible inferir que los incluye. Si la autora eligiera un título hoy, creo que se inclinaría por “Las personas que aman demasiado” (sí, el eufemismo prevalecería).

¿Adicto al sufrimiento? ¡Pero cómo! Si a nadie le gusta sufrir. Pues bien, piense en lo siguiente: No hay adicto que disfrute de su condición. Toda persona adicta sufre con su adicción, ya sea alcohol, droga, azúcar, apuestas y un largo etcétera.

Adictos a la esperanza

Con la experiencia en la consulta de los últimos años y los hermosos cambios culturales de la última década, he descubierto un tipo de adicción disfrazada de algo positivo, la adicción a la esperanza, un factor común en las personas que aman demasiado, sufren muchísimo en la relación y no pueden salir de allí.

Y el problema es el paradigma del amor, porque el amor puede traer incomodidades y algunos dolores, pero no sufrimiento. Como plantea Joan Garriga, “no hay buenas ni malas parejas, hay buenas y malas relaciones”, y el indicador de una buena relación es que trae bienestar.

Un hombre de 50 años – tras cumplir doce meses de proceso – en nuestra sesión de evaluación y cierre, afirmó: “Me has dado las herramientas para saber cómo puedo ser mejor y no aceptar situaciones que me han dañado toda mi vida y yo las veía como normales”.

De corazón noble y una voluntad frágil a su llegada, estuvo agarrado de la esperanza durante años, en una relación abusiva con una mujer de funcionamiento narcisista. El foco no es satanizarla a ella, más bien es entender las causas que impiden cortar con un vínculo dañino. Hasta ese día, había logrado su objetivo de no retomar esa relación y centrarse en reparar y nutrir el vínculo con su única hija.

¿La estrategia?

Depositar la esperanza en otro lugar, aquel donde puedes cambiar tu forma de apego, ese que te hace creer que vas a lograr salir de esta relación que te daña o muy probablemente los daña, convirtiéndote en una mejor persona.

Es cierto, no será fácil y sí, es posible. Si eres una persona que ama demasiado, puedes rehabilitarte de tu adicción a la esperanza de que la relación mejore. Como dijo el autor Mathew Kelly en Los siete niveles de la intimidad, No toda relación merece ser salvada.

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