Matera: La ciudad que renació desde la piedra

Esculpida en la roca y habitada desde tiempos remotos, esta ciudad del sur de Italia pasó de ser símbolo de pobreza y abandono a convertirse en uno de los destinos más fascinantes de Europa. Entre cuevas milenarias, hoteles boutique y paisajes que parecen detenidos en el tiempo, Matera demuestra que la belleza también puede surgir de la resiliencia.

La primera impresión es desconcertante. Desde la distancia, Matera no parece una ciudad, sino una extensión natural del paisaje. Las construcciones se confunden con la montaña y la piedra parece haber decidido organizarse en calles, escaleras y terrazas sin romper nunca la armonía del terreno.

A medida que uno se acerca, la luz del sur de Italia empieza a modelar el relieve. El sol cae sobre la roca y la tiñe de tonos dorados, ocres y miel. Las sombras se estiran entre los pasajes estrechos y las fachadas parecen respirar con el cambio de la tarde.

Por un instante, la sensación es la de haber entrado en un escenario detenido en el tiempo. Una ciudad que no se construyó contra la naturaleza, sino dentro de ella. Pero basta caminar unos minutos para entender que Matera no es una postal. Es una historia viva. Y una de las más antiguas del mundo.

NACIDA DE LA ROCA

Después de Alepo, en Siria, y Jericó, en Cisjordania, Matera es considerada la tercera ciudad más antigua del mundo aún habitada. La presencia del ser humano aquí ha sido continua durante más de diez mil años, siempre dentro de las grutas de piedra que conforman su geografía.

El secreto de esta permanencia está en el material que la sostiene: la toba, una roca sedimentaria porosa formada principalmente a partir de cenizas volcánicas y fragmentos minerales. Su suavidad relativa permitió que, desde tiempos prehistóricos, el ser humano pudiera excavarla con relativa facilidad, creando refugios dentro de la montaña.

Así comenzó todo.

No con construcciones sobre la tierra, sino con espacios abiertos en su interior. Primero refugios básicos, luego viviendas más organizadas, y finalmente un sistema urbano completo que creció desde dentro de la roca hacia sí misma.

Los Sassi de Matera —sus antiguos barrios excavados— han sido testigos silenciosos de la humanidad desde el Paleolítico. Sin embargo, fue en la Edad Media cuando estos asentamientos comenzaron a tomar la forma que hoy reconocemos como ciudad.

Con el paso del tiempo, la maestría en el trabajo de la piedra se fue perfeccionando. La excavación dejó de ser solo una respuesta de supervivencia y comenzó a transformarse en una forma de arquitectura. Las viviendas rudimentarias evolucionaron, se conectaron entre sí y dieron origen a un entramado complejo de espacios habitables.

La piedra dejó de ser solo refugio. Se convirtió en estructura de vida.

HABITAR LA PIEDRA

A lo largo de los siglos, la práctica de excavar en la roca se extendió mucho más allá de las viviendas. Iglesias rupestres, monasterios, cisternas para la recolección de agua y almacenes fueron tallados directamente en la toba.

La Iglesia de Santa Lucía alle Malve es un fascinante complejo de ambientes esculpidos en la roca que se ha convertido en un espacio de culto único. El entorno natural ofrece una imagen de fondo muy sugestiva para las prácticas de veneración, creando una atmósfera sagrada y mágica. Los frescos antiguos decoran las paredes de esta iglesia rupestre, transportando a los visitantes en un viaje a través de la fe y la historia, mientras que la vista panorámica de la ciudad agrega un toque de belleza paisajística a esta experiencia extraordinaria.

El resultado es una ciudad donde la arquitectura no se impone al paisaje, sino que nace de él. Donde las paredes no fueron levantadas, sino reveladas.

Caminar por los Sassi es entrar en un sistema urbano que desafía la lógica moderna. Escaleras que no llevan a calles, sino a otras escaleras. Puertas que se abren a habitaciones que a su vez conectan con patios excavados en la roca. Terrazas que miran hacia otras terrazas en un juego visual casi infinito.

Cada rincón parece responder a una misma idea: adaptarse al terreno sin alterarlo. En ese proceso, Matera desarrolló una identidad única. No una ciudad construida, sino una ciudad excavada. No un espacio diseñado desde arriba, sino modelado desde dentro. Pero esa armonía aparente esconde también una historia difícil.

LA VIDA EN LAS GRUTAS

Hasta hace apenas dos generaciones, muchas de estas grutas seguían siendo habitadas por las familias más pobres de la región.

Las condiciones de vida eran extremadamente precarias. Personas, animales y utensilios convivían en el mismo espacio reducido, con escasa ventilación y sin acceso a servicios básicos. La humedad, la oscuridad y la falta de higiene formaban parte de la vida cotidiana.

Lo que hoy se percibe como un paisaje poético era, en ese entonces, una realidad dura y silenciosa. Durante gran parte del siglo XX, los Sassi fueron considerados un símbolo de atraso. La situación fue denunciada por intelectuales y políticos italianos, y la ciudad comenzó a ser vista como una herida abierta dentro del país.

En la década de 1950, se impulsó el traslado de miles de habitantes hacia nuevos barrios construidos fuera de las antiguas grutas. Las cuevas fueron abandonadas, y Matera quedó en silencio.

Durante años, pareció que su destino sería el olvido. Pero la historia, una vez más, decidió volver sobre sus pasos.

EL RENACER DE MATERA

A partir de las últimas décadas del siglo XX, comenzó un proceso de redescubrimiento. Lo que había sido considerado un problema urbano comenzó a entenderse como un patrimonio excepcional. Arquitectos, restauradores y artistas volvieron la mirada hacia las grutas vacías y vieron en ellas algo más que ruinas: vieron memoria, identidad y posibilidad.

Las restauraciones respetaron la esencia original de la piedra. Sin borrar las huellas del pasado, los espacios comenzaron a transformarse en viviendas, hoteles boutique, restaurantes y centros culturales.

El reconocimiento internacional llegó con fuerza. Los Sassi fueron declarados Patrimonio de la Humanidad, y Matera más tarde fue nombrada Capital Europea de la Cultura, consolidando su transformación definitiva.

Pero lo más importante no fue el prestigio, fue el cambio de mirada. Matera dejó de ser un lugar del que se huye para convertirse en un lugar al que se vuelve.

DORMIR DENTRO DE LA HISTORIA

Hoy, recorrer Matera es también habitarla de otra manera. Muchas de las antiguas cuevas han sido convertidas en alojamientos donde la piedra sigue siendo protagonista, pero ahora convive con la luz cálida, el diseño contemporáneo y el silencio cuidado de los espacios pensados para el descanso.

Dormir aquí no es solo una experiencia estética. Es una forma de contacto directo con la historia.

La gastronomía acompaña ese mismo espíritu. El pan de Matera, de corteza firme y sabor profundo, continúa siendo uno de los símbolos más reconocibles de la región. A ello se suman aceites de oliva, vinos locales y recetas que hablan de una tradición que ha sobrevivido al paso de los siglos.

Cuando cae la noche, la ciudad cambia nuevamente.

Las luces se encienden lentamente sobre la roca y los Sassi adquieren una nueva dimensión. Desde los miradores, la ciudad parece flotar entre sombras y destellos, como si la piedra misma respirara bajo el cielo oscuro.

Es en ese momento cuando Matera revela su verdadero carácter. No es solo antigua, es persistente y profundamente humana. Y mientras el silencio se instala sobre la piedra iluminada, queda una certeza simple y poderosa: algunas ciudades no se visitan, se descubren caminando.

Edición 193 • Junio 2026

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