Otoño en la Araucanía. Por Alfredo Santamaría

Formado en la Universidad de Concepción y especialista en Otorrinolaringología de la U. de Chile, Alfredo Santamaría Carvallo, médico y fotógrafopertenece a una familia de médicos. Claro que, en su caso, la profesión la ha complementado con una pasión que asume con igual dedicación: la fotografía. 

IG @ alfredosantamariac

Pinturas creadas a partir de la combinación de los tres colores primarios y mucho blanco, donde cada cuadro respeta las proporciones, planos y perspectivas del paisaje natural identifican la obra de Isabel Araneda, arquitecta de profesión que optó por dedicarse exclusivamente al arte durante los últimos seis años.

“Siento que los arquitectos no soportan ver un paisaje natural. Algo deben hacer para intervenirlo”, afirma en una aparente contradicción con su formación académica, escapando a la rigidez de las reglas. En cambio, “la pintura es mucho más blanda – replica a sí misma -, y permite expresarte libremente”.

Al pintar paisajes sustentables, donde el hombre no ha realizado construcción alguna, Isa establece una conexión especial con aquel lugar. Así, la frondosidad del sur de Chile, lagos y bosques, han marcado una etapa de su vida donde vivió durante tres años en Caburga, Región de la Araucanía.

“En Caburga comencé a crear algo propio, sin mayores referentes. Me sentí cómoda y tenía buen feedback de mis seguidores o de quienes conocían mis cuadros. Sentí que había encontrado mi voz”, relata.

Desde 2019 vive un nuevo período en Viña del Mar, a pasos de la costa, encontrando su inspiración observando la infinidad de tonalidades en los atardeceres marinos mientras el sol se pierde lentamente en el horizonte.

“Me apasiona observar los rosados, amarillos y naranjas – entre una infinidad de tonalidades – que me dan los atardeceres del océano. Ahora pinto paisajes más sustentables de la costa central, dibujos que contienen docas, pullas o suculentas, pues me encanta un lugar auténtico, sin construcciones”.

LONDRES

Estando soltera sin hijos y recién licenciada en arquitectura, Isabel juntó dinero para viajar en 2009 a Londres y empaparse de toda la cultura, arte, pinturas, museos, arquitectura del lugar y conocer a su gente. “Logré permanecer un año y estudiar en el Central Saint Martin – unas de las más prestigiosas escuelas de arte de Europa – con tal de profundizar y estudiar diversas técnicas artísticas.

“Me la pasaba croqueando en las plazas, dibujando. Además, noté que los ingleses se hacen todo, los marcos, cortan las telas. Incluso la mayoría autogestiona su arte con una amplia variedad de galerías”, añade.

ADICTA AL COLOR

Al observar la obra de Isa Araneda se observa una armonía de tonalidades, donde ningún elemento queda aislado del resto. Colores que conversan entre sí y que nacen de combinaciones de la artista. Ocupo solamente los colores básicos y mucho blanco, porque soy adicta a inventar colores. Podría haber sido colorista.

Secreto que aprendió del ganador del Premio Nacional de Artes Plásticas 2005, Eugenio Dittborn. “Me dijo ´Isabel, un truco para que todos los colores te queden amarrados – combinados, en armonía – el secreto es que la paleta de tu cuadro solo contenga 3 colores, luego se van mezclando´. Entonces todos tienen el mismo ingrediente. Ningún elemento queda aislado, se forma un relato, dentro de una misma historia”, complementa.

De esta forma, se cumple el objetivo de la artista: que el público recorra toda la obra dentro de una misma historia, compartiendo una mirada particular del arte que expresa la voz de Isa Araneda, una voz libre en perfecta armonía con el paisaje natural.

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