Sergio Lagos: “Para lograr ser feliz, hay que aceptar cómo uno es”

Encasillar a Sergio Lagos sería un grave error y, por lo demás, una tarea bastante difícil, más aún cuando nos adentramos en su mundo interior para descubrir aquello que lo moviliza: sus pasiones, una filosofía de vida marcada por la necesidad de experimentar al máximo cada vivencia y una mirada que también se ha construido a partir de los aprendizajes, las culpas y los arrepentimientos que ha dejado el camino.

Inquieto y curioso por naturaleza, a sus 53 años ha sabido navegar entre dos grandes dimensiones: la música y el periodismo. Es ahí donde ha podido encontrar el equilibrio y la retroalimentación perfecta. La música ha sido su cable a tierra, su desconexión y su medio para liberarse de los ripios que rodean el mundo de las luces, el ego y las cámaras. Una fórmula que le ha servido, y bastante. No por nada lleva más de 30 años en televisión.

Vividor por naturaleza, hoy concentra sus energías en preparar su próximo desafío musical: Musicalismo, un espectáculo concebido como un homenaje a los artistas y canciones que han marcado la historia musical y cultural de Chile y Latinoamérica. Más que un tributo, es un acto de amor por la música y sus creadores, porque honrar a quienes han construido nuestro paisaje sonoro es también una manera de proyectar el futuro cultural del país.

  • Entrevista: Pablo Yutronic
  • Maquillaje: Ely Gaby
  • Fotos y producción: Guille Vargas Pohl
  • Locación: Hotel W Santiago
  •  Instagram: @sergiolagos

A sus 53 años, Sergio Lagos ha construido una trayectoria que difícilmente admite una sola definición. Más de tres décadas en televisión, atravesando escenarios, formatos y épocas, tienen en la música su necesario contrapunto. Ha sido su cable a tierra, el refugio que le ha permitido tomar distancia de las luces, las cámaras, la exposición y las exigencias de la pantalla; un espacio de libertad donde puede volver a ser simplemente él. Quizás por eso, incluso después de tantos años frente a las cámaras, conserva intacta la curiosidad por descubrir qué hay detrás de cada experiencia.

Quisimos conocer más de cerca a este inquiero periodista, músico, comunicador y padre, que ha hecho de la curiosidad una manera de vivir. La cita es en el Hotel W Santiago, lugar en el que Sergio logra pausar el vertiginoso ritmo de la capital un viernes por la tarde. Se disculpa por el retraso y rápidamente se entrega a la sesión de fotos. Hay llamadas, maquillaje, cambios de vestuario y una agenda que sigue corriendo, pero también una disposición que permanece intacta. En medio de ese movimiento, hay algo que sí parece detenerse: el tiempo necesario para conversar.

Y quizás sea precisamente esa pausa la que permite entender mejor el momento que atraviesa. El próximo 3 de octubre, Musicalismo lo llevará hasta el Teatro Estudio 13 de Canal 13, en un espectáculo que reúne canciones de artistas fundamentales de Chile y Latinoamérica, desde Cecilia y Zalo Reyes hasta Chico Trujillo y Los Jaivas. Un proyecto nacido desde la admiración y el afecto, pero también desde una convicción: que la música es memoria, identidad y parte de la historia que nos pertenece. Desde ahí, la conversación transita naturalmente hacia sus pasiones, los aprendizajes que le ha dejado el camino, las culpas, los arrepentimientos y su particular manera de mirar la vida.

¿De dónde viene tu encanto por la música?

Viví en una casa donde la música era la razón, la forma y la manera de entender muchas cosas. Piensa que mis padres se conocieron en la Universidad de Concepción a finales de los 60. Mi padre, doctor, y mi madre, socióloga. La música para ellos era parte de la cotidianidad. ¡Mi viejo cantaba donde fuera! (ríe), en el auto, en las fiestas familiares, en todos lados. Y mi madre era toda una melómana. Todas las personas que entraban al departamento, o entraban con vinilo o no entraban. Siempre muy metidos ambos con la música. Y bueno, por mi lado, ya un poco más grande, cuando vi a Los Prisioneros me cambió la vida para siempre.

¿Pensaste en dedicarte totalmente a la música?

Nunca he resuelto esto de las dedicaciones absolutas. Mi manera de vivir tiene que ver más con el afán de abarcar todo lo que me genere curiosidad, interés, placer y diversión. Y claro, la música ha sido una constante permanente en mi vida.

¿Es de tus grandes pasiones…?

¡Es que la vida es la pasión! Estar vivo, respirar, levantarme en la mañana y decirme: aquí estoy, tengo chances, tengo oportunidades para amar, para querer y sí, también para hacer música, pero la gente no es solo lo que hace. La música es el aire que yo respiro. Pero no solo me interesa la música, evidentemente. Me interesan los seres humanos, las cosas que nos pasan, los problemas de los que están cerca mío, etcétera.

Las personas tendemos a encasillar y poner rótulos de inmediato.

Y es comprensible porque la cabeza no nos da para tanto tampoco. Piensa que tampoco tenemos tan resuelto quiénes somos nosotros mismos, o quién es uno. Entonces, para lograr entender quién es el otro, lo primero que hacemos en ese ejercicio es ponerle altiro una etiqueta al de al lado. Como te decía, yo creo que todas las personas son mucho más de lo que parecen, y que la vida es mucho más compleja. Uno no es músico todo el día, ni conductor de televisión todo el día, o papá todo el día, o qué sé yo. Al final, es una mixtura extraña de muchas grandes pasiones.

¿Pero qué lugares ocupa la música y el periodismo en tu vida?

La música es la poesía, y el periodismo es mi trabajo. Afortunadamente he logrado entender en estas dos dimensiones un equilibrio muy especial. Yo soy una persona muy trabajadora, y el trabajo me ha permitido todo lo que tiene que ver con la tranquilidad de poder criar a mis hijos, de sembrar, y todo relacionado con eso. La música, todo lo contrario, me da el aire, el espacio, la libertad, el error, el sueño, la fantasía, y al final, se retroalimentan. Enfrento la música desde la libertad que me da mi trabajo, sin volverme loco con él, ni llenarme de los ripios que conlleva ser “conductor de tele”; hablo del ego, del exceso de atención con uno mismo, y todo eso.

Es un cable a tierra de la fama…

Me saca de todo eso y me permite hacerlo sin creerme el conductor de TV o el personaje público. Fíjate que yo creo que he logrado hacer todo lo que he hecho y durante tanto tiempo, básicamente porque la música me rescata de ese lugar también. Sí, es un cable a tierra. He visto en mi profesión que hay mucho autoconvencimiento de que el rol de presentador de televisión es relevante, y yo no lo encuentro así. La música es un trabajo que tiene que ver más con lo personal, con una urgencia artística de crear cosas que me satisfagan a mí, más que al otro. Yo no tengo incentivos con la música, yo no vivo de esto, pero sí me lo tomo siempre como un desafío.

¿Cómo nació este proyecto de “Musicalismo”?

Son esas canciones que amamos cantar. Surge porque estas canciones yo empecé a estudiarlas hace un par de años, cuando aprendí a tocar piano, y poco a poco fueron, desde ese aprendizaje, adquiriendo un tono más pausado, lento y melancólico. Luego de eso tuve que hacer una serie de entrevistas a músicos, y antes de hacerles las entrevistas, les cantaba una canción de ellos. ¿Cachai? Me acuerdo de que le canté una canción a Cecilia y le encantó, y ahí empecé a masticar la idea de que estas canciones no son de algunos artistas, sino que nos pertenecen a nuestro espíritu. Son canciones que nos constituyen como chilenos y que son parte de nuestro ADN. Tiene que ver con abrazar lo nuestro. Somos un país que vive del cobre, y nadie sabe de cobre. Tomamos pisco, pero nadie sabe de pisco. La gente se dice de Colo-Colo, pero nadie sabe quién es David Arellano. Este es un proyecto patrimonial. Los chilenos, si tenemos alguna tara, es que nos cuesta decir lo bueno que es el otro.

Y en cuanto a decir y expresar opiniones, siempre te has mantenido un poco al margen de la política ¿O no?

No. Es que hay programas y programas. Yo hace mucho tiempo hacía El Dínamo, que era un programa de videomúsica, y de ahí se hablaba de otros temas como actualidad, contingencia, política, etcétera. También estuve mucho tiempo en la radio, donde también conectaba con eso, y antes de eso escribía. Siempre he estado atento, no le tengo miedo a la conversación, me interesa no la política, sino lo que está pasando, lo que ocurre en Chile y el mundo, ¡obvio! Estoy siempre atento. Y cuando tengo la oportunidad de decir algo, lo digo, pero tampoco estoy desesperado por estar opinando.

El periodo del estallido social fue delicado para los comunicadores…

Sí, obvio. Y ahí yo estuve en el matinal, donde planteé mis puntos y puse mis ideas de lo que me parecía. Lo que pasa es que yo soy un tipo de pensar en largo, no soy de frase corta. Lo mío tiene que ver con el argumento, con la historia, con procesos complejos, no con máximas. No soy un ideologista, no soy un tipo de izquierda ni de derecha. Obviamente tengo una mirada acerca del mundo, pero no soy sectario, ni político, ni ideológico. Lo que a mí me interesa es la discusión de ideas, la conversación, pero no soy de carreras políticas; al final, me interesa la reflexión, encontrar un punto en que veamos las cosas de distintos lados, pero para poder crecer al final. Yo no tengo una verdad mejor que la del otro. A mí me interesan las verdades.

Por último, Sergio ¿Te arrepientes de algo en tu vida?

¡Sí, obvio! Por supuesto que sí, pero no soy culposo. Abandoné la culpa hace rato. No sé si era culposo, pero hay cosas de las que me arrepiento. Igual, al final, esas cosas también han sido enseñanzas. Cuando te pegas un error o te equivocaste, lo que queda es levantar la mano y decir “me equivoqué”, asumir y hacer todo lo necesario para enmendar el error. Pero amarrarse con culpas creo que es del viejo orden. Hay que hacerse cargo de quién uno es. Uno no puede estar inventándose un personaje mejor al que es. Uno tiene cosas buenas, medianas y malas, pero todas esas cosas te constituyen al final. Para lograr ser feliz, hay que aceptar cómo uno es. Mira, yo soy un tipo más o menos grande, y sigo teniendo sensaciones de revelaciones como adolescente (ríe), de ir descubriendo cosas nuevas. Espero nunca perder el espíritu de asombro y de sorpresa.

Edición 195 • Agosto 2026

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