Imagina despertar un sábado con la promesa de dejar atrás la rutina y sumergirte en un mundo de nieve, adrenalina y paisajes sobrecogedores. Así comenzó nuestro día en La Parva, una experiencia única organizada por ALL –el programa de fidelidad de hoteles Accor– que combinó deporte, gastronomía, relajo y vistas de otro planeta. Desde un desayuno temprano en la ciudad hasta un atardecer mágico en la montaña, cada momento fue una invitación a desconectarse y disfrutar intensamente del invierno.
- Relato vivencial: Trinidad Rendich
- La Parva: laparva.cl
- All Accor: all.com
El reloj marcaba las 7 de la mañana cuando llegamos al Novotel, punto de partida de una experiencia que prometía adrenalina, paisajes de ensueño y ese anhelado momento de desconexión en la montaña. Nos recibieron con un desayuno cálido y reconfortante, perfecto para comenzar el día. ALL, el programa de fidelidad de hoteles Accor, fue nuestro anfitrión y nos sorprendió con un kit perfecto para la jornada: bloqueador, gorritos de lana y un termo para llevar el café bien caliente hasta la cima.
Minutos después, entre las 7:30 y las 8, subimos a las vans rumbo al centro de ski La Parva. El viaje fue breve, pero suficiente para sentir cómo el aire se volvía más fresco y el paisaje comenzaba a pintarse de blanco. Al llegar, nos entregaron todo el equipo necesario: botas, esquís, casco… todo listo para la aventura. Desde una terraza especialmente ambientada con la marca ALL, recibimos nuestros tickets para las clases de ski, que comenzaron de inmediato y se extendieron durante dos intensas y divertidas horas.
Después del esfuerzo físico, llegó el momento más esperado: el almuerzo. A la una en punto, nos recibió una terraza vibrante, con barra libre, aperitivos, pisco sour y vino tinto, todo acompañado por un carrito que servía chocolate caliente para reconfortar cuerpo y alma. Las mesas estaban repletas de delicias: sopaipillas recién hechas, empanadas, tablas de picoteo que no paraban de salir y, para cerrar, una exquisita selección de brownies y postres pequeños que endulzaron el final de la comida.
Con los estómagos felices y los corazones aún palpitando de emoción, nos fuimos reuniendo nuevamente en la terraza para vivir un momento inolvidable: el atardecer en La Parva. El sol, a punto de esconderse tras las montañas, tiñó la nieve de tonos rosados y dorados, regalándonos una postal mágica y silenciosa, de esas que uno atesora para siempre.
Fue un día donde la naturaleza, el deporte, la buena comida y la calidez humana se unieron para regalarnos una experiencia que superó toda expectativa. ALL logró crear mucho más que una jornada en la nieve: fue un verdadero escape, una celebración del invierno y un recuerdo imborrable.











