Su talento es incuestionable. Así lo avala una extensa y galardonada carrera. Pero antes de ser una tremenda actriz, fue Daniela. Una mujer que guarda una historia marcada por la resiliencia y la supervivencia. A los 14 comenzó actuando en obras infantiles para una editorial, y cuando tenía tan sólo 16 años, la maternidad tocó su puerta. Desde entonces, corrió ante la vida como un verdadero “caballo de carrera”, porque detenerse a pensar no estaba permitido. De ímpetu imparable, estudió teatro para canalizar esas ganas de expresarse y gritar libremente, sin juicios ni culpas, construyendo una trayectoria a punta de esfuerzo y talento. Hoy, por primera vez y en una íntima conversación con Costa Magazine, se permite pausar para reflexionar sobre todo lo vivido, abordando su vínculo con la maternidad, los secretos de su éxito profesional, sus temores e inseguridades y los cuestionamientos que la remecen en el presente. Por último, se refiere con valentía a lo complejo que resulta ser una mujer con opinión en una sociedad difícil de descifrar.
- Entrevista: Pablo Yutronic
- Fotos y producción: Guille Vargas Pohl
- Estilismo: Pancho Silva
- Maquillaje y pelo: Ely Gaby
- Agradecimientos @HM #HMChile
Daniela está feliz, disfrutando y cosechando los frutos de los proyectos que grabó en los últimos dos años. A comienzos de junio se lució en el Festival de Tribeca, en Nueva York, durante el estreno del largometraje Cuerpo Celeste, dirigido por Nayra Ilic García. La cinta narra la historia de una joven de 15 años que enfrenta el duelo por la pérdida de un ser querido tras el fin del régimen de Augusto Pinochet.
En una producción que comenzó su rodaje en 2023 en el cautivador desierto de San Pedro de Atacama, y que fue estrenada para Latinoamérica en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, México, la actriz encarna el papel de “Consuelo”, madre de la protagonista. El elenco lo completan figuras como Helen Mrugalski, Néstor Cantillana, Mariana Loyola y Nicolás Contreras.
¡Pero eso no es todo! También sigue con entusiasmo el debut internacional de Isla Oculta, una miniserie chileno-mexicana que la tiene especialmente motivada. Grabada en la Patagonia y basada en la leyenda de la Isla Friendship —un mito profundamente arraigado en el sur de Chile—, la producción de seis episodios mezcla suspenso, ciencia ficción y misterio. Este thriller policial, dirigido por Rodrigo Susarte y producido por Pablo Díaz, se estrenará en octubre a través de una plataforma digital y promete cautivar al público con su intrigante trama.
Teatro, teleseries, cine y series. Daniela Ramírez ha sabido moverse con soltura en todos los formatos. Debutó a los 23 años en la pantalla chica, allá por 2011 en TVN, con Los Archivos del Cardenal. Ese mismo año protagonizó Esperanza, la primera teleserie nacional en horario de la tarde. Fue un éxito rotundo. Desde entonces ha participado en grandes producciones como Amanda, Prófugos, Los 80, Isabel, Separados, La Ley de Baltazar o Generación 98.
Sin duda, una actriz de enorme versatilidad, pero, sobre todo, una mujer marcada por su fuerza y resiliencia. Su profundo sentido de propósito ha sido clave para alcanzar cada uno de sus logros. Madre, intérprete y alma inquieta, nos invita a adentrarnos en su universo interior y en los múltiples desafíos que ha enfrentado a lo largo de su camino.
Partiste actuando a los 14 años en obras infantiles, sumado a que participabas en los talleres de teatro del colegio ¿Por qué decidiste ser actriz?
Yo creo que el teatro me daba la posibilidad de poder expresarme un poco más ampliamente. Tenía esa sensación de querer gritar un poco. Esa sensación de poder canalizar de cierta manera mi sentir. ¡Era muy pasional, y muy movida por mis ideas! y el teatro me daba la posibilidad de poder hacer eso sin juzgarme a mí misma, y sin tampoco exponerme tanto como persona. Siento que había esa necesidad, una intensidad de expresar. Soy adicta a sentir, me permito sentir, para bien o para mal. Al final era permitirme sentir con un objetivo y una orientación, que radica en contar una historia, meterse en la vida de otra persona, despersonalizarme un poco y poder jugar a ser otro u otra.
¿Hoy en día sigue ese ímpetu, ese sentir, esa necesidad de expresar?
¡Totalmente! Sigue un poco la sensación de querer transmitir otras vidas y emociones, y poder representar dramas o alegrías. Pero ¿sabes? Más que intensidad, sigue ese impulso de invitar a sentir, porque creo que la gente está muy apagada. Como sociedad estamos súper adormecidos en vincularnos con nuestro sentir ¡Lo limitamos! Es una estructura cultural que nos somete y que nos establece de cómo tenemos que ser y comportarnos. Si bien existe una ola mediática que te dice que “tienes que ser tú, y auténtico”, al final igual hay una especie de cancelación, nos estamos clasificándonos mucho. Creo que no está bien.
Has tenido una exitosa carrera ¿A qué crees tú que se debe? ¿Cuánto hay de talento, de esfuerzo y de suerte, para triunfar en esta industria?
Es puro trabajo. Permanecer en el tiempo, creo yo, tiene que ver con eso: con el esfuerzo constante, con una cierta madurez y con evolución. ¡Yo soy muy trabajólica! Porque si no pules tu talento, no llegas a ninguna parte, ¿me entiendes? El talento hay que conducirlo, hacerse cargo de él. ¡A veces ni siquiera nos damos cuenta de lo que tenemos! Y también ocurre lo contrario: cuando tomas demasiada consciencia de quién eres y de lo que haces, eso también puede volverse un obstáculo. Siento que las cosas más espontáneas son las más auténticas.
Para mí, la clave está en no mirarse tanto, en soltar el juicio, y sí en disfrutar más. Por eso siempre digo que he tenido suerte de poder dedicarme a algo que me gusta. Claro que hay sacrificios, pero son voluntarios, nacen de una entrega que tiene algo noble y fascinante. En mi caso, llega un punto en que el trabajo, más que una carga, se transforma en una forma de estar, en algo natural. Una funcionalidad que no tiene esa connotación tortuosa.
¿Eres consciente de tu talento, de lo que eres, y de lo que has ido logrando con el tiempo?
Hay algo que es bien sabido: las actrices —y los actores en general— solemos ser muy inseguras. Es algo que he escuchado muchas veces dentro del gremio, y que, en lo personal, me hace mucho sentido al mirar mi propia historia. Siempre he sido muy insegura y necesito la aprobación de mis pares. Soy muy exigente con mi desempeño. Por eso necesito confiar en los directores, porque sólo a través de su mirada puedo descansar y sentir que lo que hice está bien.
Pero con el tiempo he aprendido a reconocer ciertos logros en mí, y eso ha sido importante, porque detrás de cada uno ha habido mucho esfuerzo. Creo que deberíamos aprender a abrazar más lo que hemos hecho, a valorar nuestra propia historia.
Fuiste madre muy joven, a los 16 años. Un punto de inflexión en tu vida ¿Cómo fue para ti asumirlo, y cómo fue la recepción de tu entorno?
¡Uf! En un principio yo lo contaba como un acto heroico de haber sido mama tan chica, y poder haber logrado una carrera, trabajar en lo que me gustaba, y al mismo tiempo criar. Pero ahora eso lo he empezado a mirar con ojos más sensibles, y claro que fue un momento súper chocante para mi vida, un antes y un después a todas luces. Tengo muchas cosas bloqueadas del pasado por mecanismo de defensa. Es loco, porque hoy en día se fomenta mucho extender lo que más se pueda la vida individual, disfrutar la vida y que uno se conozca muy bien previo a tomar grandes decisiones ¿Y sabes qué? Creo que eso es súper saludable.
En mi caso salí adelante porque también tuve una familia que me contuvo y apoyó, pero en general, esa realidad es mucho más cruda. Ser mamá es lo más hermoso que me ha pasado en la vida ¡créeme! pero ha sido difícil, en lo económico, y sobre todo en lo emocional. Hay efectos rebotes totales, que recién yo estoy mirando.
¿Cómo cuáles?
Recién ahora estoy mirando mi vínculo con la maternidad. No tuve una maternidad que pude gozar. Era una niña que simplemente tuvo que sobrevivir a eso. Es complicado. A ver, yo agradezco que la vida me haya puesto donde tenía que estar, haber recibido esas oportunidades y haberme hecho cargo de ellas, pero fue muy difícil. Muy difícil para una niña ser madre, con todo lo que eso implica, especialmente en una sociedad como la nuestra.
Recién ahora me estoy diciendo, como individuo, como mujer, como Daniela, que me costó mucho asumir eso emocionalmente. Estoy reconciliándome con esa adolescente que se embarazó, y que tuvo que ir contra la vida ¿me entiendes? No había espacio para reflexionar ni para detenerse, porque si lo hacía, me deprimía. Fui como un caballo de carrera, y recién ahora estoy mirando hacia adentro, enfrentando un tema que para mí es muy delicado y sensible. A veces uno no tiene el tiempo, y más que el tiempo, las agallas y la valentía para meterse en esos temas tan profundos, y abrir cajas de pandoras internas que no son fáciles de digerir. Para eso hay que estar un poco curtido ya.
¡Tu hijo ya está grande!
¡Sí! Ahora lo estoy disfrutando. Martín tiene 21 años ya, y es genial, es como un compañero. Somos un equipo, con una relación más simétrica que antes, donde yo era la que lo sostenía. Ahora es él quién muchas veces me sostiene a mí. Ha sido súper lindo, como te digo, somos un equipo, y también a mis 38 años ya estoy viviendo como “la despedida”, porque quizás prontamente se va a ir de la casa ¡Ley de la vida nomás! (ríe)
Dani, eres una figura pública, expuesta, quieras o no ¿Cuál es tu vínculo con “la fama”?
Siento que a nadie le importa mi vida personal, pero parece que a veces sí, así que intento contener ese morbo. Mira, la fama funciona para poder dar a conocer tu discurso y tu opinión, resonar en eso más que nada. A mí la fama me ha servido para decir lo que pienso y lo que siento. Ese es como mi dispositivo donde yo ocupo la fama.
¿Cómo una líder de opinión?
No como una líder de opinión, pero sí como una mujer opinante. Eso yo creo que es importante. Todas tenemos opinión, y al decir lo que pienso y siento, hay un acto de valentía y libertad en eso. Yo creo que con respeto he intentado en lo posible dar mi opinión, y eso es un valor que me ha dado ser conocida ¡Yo no me siento tan famosa! pero sí me siento conocida. Siento que soy más “orgánicamente normal” (ríe) y eso me gusta mucho, pero claro, también por otro lado me gusta jugar en esos momentos de brillos en los festivales, alfombras rojas, etcétera, donde ahí también es un personaje que se ve, esa no es Daniela. Es entrete, es un juego, como de niño.
Hablando de expresar opiniones, tú apoyaste públicamente la campaña de Gabriel Boric ¿Cómo evalúas el desempeño del actual gobierno?
Tengo la sensación de que no estamos tan mal, y siempre hemos estado un poco mal. Tengo una sensación donde creo que estamos tratando de mirar al otro. No me voy a referir al Gobierno en sí, porque en ese tema no me quiero meter. Pero creo que hay una invitación a intentar dialogar y mirar hacia el lado. Creo que la única manera de salvarnos va a hacer cooperándonos y consensuando. Eso es lo que me queda a mí como efecto posterior a un gobierno que fue como súper “progre”, y que puso temáticas que antes no se habían puesto en la palestra, dándole espacios también, a ciertos temas que antes no tenían cómo.
¿Te trajo consecuencias haber apoyado públicamente dicha campaña?
¡Totalmente! ¡Sí! En este país es difícil eso. A ver, yo puedo sentarme a conversar con cualquier persona, yo no le voy a negar el derecho a nadie, y tampoco voy a tratar de convencerte, pero sí voy a intentar conversar y dialogar. Pero sí, me sentí muy cansada. Sentí un cansancio muy grande ponerme esa mochila.











