Claudia Conserva: “El cáncer me hizo más libre”

Lo dice con plena convicción. No titubea. “Cambié en un cien por ciento”. Y no solo ella: el cambio también lo vivieron su marido, su familia y su entorno más cercano. Hoy se permite errar, equivocarse y hasta olvidar cosas; algo totalmente impensado tiempo atrás, cuando su obsesión por la perfección no admitía concesiones. Un pragmatismo rígido, sin matices, la llevaba a masticar frustraciones constantes, tanto consigo misma como con los demás. No había espacio para la improvisación: todo se calculaba, se programaba y se planeaba. Ningún detalle podía quedar suelto… hasta que llegó el 17 de junio de 2022. El punto de inflexión de su vida. El desafío más grande que jamás imaginó enfrentar y que, tras poco más de un año, logró superar.

¿Cómo se vive después de haber derrotado el cáncer? ¿Con qué prisma se mira la vida tras una experiencia tan límite? ¿Qué se replantea, cómo se reordenan las prioridades, qué importa y qué deja de hacerlo? ¿Cómo enfrenta un matrimonio de treinta años una situación así? En una íntima y extensa entrevista con Costa Magazine, Claudia Conserva nos abre las puertas de su casa —y de su corazón— para mirar el retrovisor de su último año y medio. Comparte detalles poco conocidos de un proceso de reinvención que comenzó tras vencer un cáncer que, paradójicamente, terminó por liberarla: le quitó las cadenas del pasado y la transformó por completo.

  • Entrevista: Pablo Yutronic
  • Maquillaje y pelo: Ely Gaby
  • Fotos y producción: Guille Vargas Pohl
  • Vestuario: Lineatre

Es un día caluroso, especialmente en Chicureo. Su generosidad se percibe de inmediato cuando ofrece un anhelado vaso de agua con hielo. Recorremos la casa: cada rincón habla de historia y trabajo. Aparece el “Pollo” Valdivia, saluda con amabilidad y le pregunta a Claudia si necesita algo. Todo está bien. El recorrido continúa hasta llegar al switch, los estudios de televisión, la sala de vestuario y maquillaje. Sí: los Valdivia Conserva tienen las instalaciones de su productora en la misma casa. Alucinante.

Animales televisivos por naturaleza. No es casualidad: se conocieron a inicios de los años noventa en Extra Jóvenes, de Chilevisión, animado por Felipe Camiroaga y Katherine Salosny. Valdivia trabajaba en el programa y le tocó entrevistar a una reciente Miss 17. El resto es historia…

A un costado del área de maquillaje, una mesa exhibe premios y galardones: Copihues de Oro, TV-Gramas, reflejan una trayectoria frenética de casi treinta años en los medios, donde lo hizo todo: actuó en teleseries y, sobre todo, animó, consolidándose como uno de los rostros más queridos y reconocidos del país. Claudia no paró. No conoció pausas. Lideró equipos y proyectos, atravesó altos y bajos, siempre entre la familia —dos hijos— y el espectáculo. Hasta que ese 17 de junio de 2022 todo se detuvo.

Lo que sería un chequeo de rutina terminó en un diagnóstico impensado: cáncer de mama. Durante un año y medio, Claudia se dedicó exclusivamente a sanar. Se sometió a quimioterapias y tratamientos complejos, dejando registro de ese proceso duro y doloroso en el documental Brava, emitido por TVN en mayo de 2023, cuando finalmente recibió el alta.

¿Cuál es tu visión de la vida hoy, después de todo lo que viviste?
Cambié en un cien por ciento. No un poco. Es como haber muerto y luego renacer. Así lo veo: un renacer. Haber estado tan grave instala una sensación de vulnerabilidad que uno no dimensiona cuando no ha enfrentado una enfermedad así. Parece algo lejano. En mi caso fue permanente, largo: estuve un año y medio dedicada solo a sanarme. Eso da mucho tiempo para reflexionar. Además, ocurrió en pandemia, lo que intensificó todo. Hoy veo la vida de otra manera: estoy tranquila, sin ansiedad. Vivo el presente y tampoco me proyecto demasiado.

¿En qué sentido no te proyectas?
En nada. No tengo planeadas vacaciones ni nada parecido. Si me preguntas qué haré en marzo, no lo sé. Vivo el hoy, viendo cómo se dan las cosas y aceptándolas. Cambió todo: mi alimentación, mis rutinas, desde que me despierto hasta que me acuesto. Cambié la forma de aceptar la vida. El nivel de conciencia en el que vivo hoy es feroz. Acepto la realidad tal como es, sin resistencia. Me volví torpe, más distraída, se me olvidan las cosas —ríe—, me equivoco… pero al final, ¿sabes qué? No pasa nada. Y eso me encanta. Antes, si algo así ocurría, lo pasaba pésimo.

¿Cómo era la Claudia Conserva antes del diagnóstico?
Uf. Era súper controladora, extremadamente eficiente, muy capricorniana. No se me escapaba ningún detalle: calculadora, responsable, confiable. Me jactaba de serlo. Mi vida era muy estresada en ese sentido. Todo pasaba por la cabeza, por el control. Muchas veces pasé a llevar mi salud por responder a lo que se me pedía. Siempre dispuesta a ayudar, muy líder en el trabajo, con dificultad para delegar.

Pero muchas de esas características también son positivas…
Sí. Gracias a mi disciplina detecté que estaba enferma y me hice los exámenes rigurosos que realizaba cada año. La disciplina me salvó, pero también siento que, de alguna manera, me enfermó. No me permitía equivocarme y, si lo hacía, me castigaba mucho. Era muy perfeccionista y esperaba lo mismo del resto. Eso generaba frustración constante: nadie era como yo. Hoy, aunque mi vida sea distinta y quizá un poco más fome que antes, es más interesante. Tengo un amor infinito hacia mí misma.

Después de este cambio interno, ¿aprendiste a vincularte distinto con tu entorno?
Tengo cero expectativas de las personas. Ninguna. Así no me decepciono. Mi círculo cercano es mi familia, que siempre estuvo ahí y que ha tenido que soportar a esta nueva versión olvidadiza. Yo le digo a todo el mundo que no confíen en mí —ríe—. Me parece bien. Ya fui demasiado responsable. Ahora tengo permiso para equivocarme. Disfruto la imperfección.

Pensando en el “Pollo” Valdivia, ¿cómo se enfrenta en pareja una situación así?
Cuando se viven situaciones extremas, o te separas o te unes más. En nuestro caso, nos unimos. Estamos juntos desde 1994. Yo no esperaba menos que su apoyo total. Eso nos hizo más conscientes de lo importante y de lo que no lo es. Estuve a punto de morirme, así que cualquier problema doméstico hoy es nada. Decimos: “da lo mismo, hemos pasado cosas peores”. Este cáncer fue un cambio para mí, para él y para toda mi familia. Hoy disfrutamos cosas mucho más simples.

Hablemos de televisión. A fines de 2025 anunciaste tu salida de TV+. ¿Siguen las ganas?
Me sigue divirtiendo. La televisión es entretenida. Para hacerla hay que ser profundo y superficial a la vez. Es un mundo superficial, sí, pero necesario. La estupidez humana es entretenida y cumple una función. La farándula, por ejemplo, que no me gusta hacer, acompaña a mucha gente. Programas de baile, formatos livianos… sirven. No pretendo volverme alguien solemne. Mis profundidades las vivo en privado. El humor nunca lo perdí.

¿Te gustaría seguir en la industria?
En la medida en que haga algo que quiera, sí. Pero también puedo no estar en televisión. Me da lo mismo. Ya no necesito liderar ni cargar banderas. No me pauteo. Si sé o no sé, da igual. Relajé el nervio heavy. Hoy, honestamente, me importa todo bastante poco —ríe—, excepto la salud.

Uno de tus primeros compañeros fue Felipe Camiroaga en Extra Jóvenes. ¿Cómo lo recuerdas?
Fue extraordinario conocerlo. Todo lo que dicen de él es cierto, y más. Muy generoso, amable y exigente. Quedamos con ganas de volver a trabajar juntos; incluso lo conversamos antes de que muriera. No hubo nada concreto, pero sí muchas ganas. Fue un honor. Tenía un carisma y un talento irrepetibles. No era solo animador: creaba, inventaba personajes, sketch. Después no volví a trabajar con alguien así.

Para cerrar, ¿qué proyectos te gustaría concretar?
Quiero reírme. Quiero divertirme. Ahora que me reencontré con las “Milf”, me encantaría hacer algo con ellas, en televisión u online. Creo que quedó mucha viuda de ese programa. Se terminó cuando me enfermé y, desde entonces, pasó de todo. Cuando nos reencontramos, las redes ardieron —ríe—. La gente nos quería y nos sentía cercanas. Puede sonar brutal, pero el cáncer me hizo más libre. Hoy todo me importa bastante poco. Hago lo que quiero. Antes pensaba demasiado en las consecuencias. Ahora me siento libre.

Edición 189 • Verano 2026

 

Otras lecturas

Los aprendizajes de Luz Valdivieso: “Yo no respeté mis límites”

En una conversación profunda, Luz Valdivieso comparte los aprendizajes que marcaron su vida: la importancia de poner límites, su proceso de transformación tras la separación y cómo hoy vive una etapa de plenitud, valentía y autoconciencia que la llevó a reconstruirse desde adentro.

Suscríbete a nuestro Newsletter