En el quinto sector de Reñaca, justo frente al océano y adosado al reconocido Mirazú, acaba de abrir un espacio que promete convertirse en el nuevo punto de encuentro de la costa: Le Grenier.
- Instagram: legrenier.cafe
- Lun–Dom 09:00 AM – 21.00 PM
- Av. Borgoño 15460
- Brunch & Café/ Bar
L
a premisa es simple y seductora: si ya conoces Mirazú y te gusta su estilo, entonces tienes que vivir Le Grenier. Porque aquí la experiencia se transforma. El mantel largo se cambia por una barra de mármol iluminada por la luz natural del Pacífico, los tiempos pausados de la alta cocina dan paso a un café humeante, a un brunch generoso, a una mañana que comienza con aroma a masa madre recién horneada.
Le Grenier no es solo una cafetería. Es un refugio. Un espacio para quedarse.
El lugar abrió sus puertas el 17 de enero y la respuesta fue inmediata. Con terraza a nivel de mar, interior en segundo piso y capacidad para cerca de 40 personas, combina mesas interiores —cálidas, luminosas— con un sector exterior que dialoga con el quinto sector de Reñaca. Mármol, madera, buena iluminación y detalles cuidadosamente elegidos crean una atmósfera que invita a bajar el ritmo.
“Buscábamos algo cálido, con buen servicio y un espacio que diera sensación de descanso”, explica Sebastián Peralta, también dueño de Mirazú. “La luz, el mar, las mesas cómodas… todo está pensado para que la gente quiera quedarse”.
Y se quedan. Algunos llegan temprano, antes de la playa, para organizar el día frente a un espresso italiano o colombiano de especialidad. Otros abren el computador —hay WiFi y enchufes estratégicamente instalados— y convierten la vista al océano en oficina por un par de horas. El brunch aparece como una excusa perfecta para alargar la mañana. Aquí el tiempo se estira.
BOLLERÍA ARTESANAL Y SABORES QUE VIAJAN
La carta revela la identidad del proyecto: bollería artesanal, pan de masa madre, croissants de mantequilla de calidad, sándwiches generosos con salmón premium curado en casa, rúcula fresca y combinaciones que no se encuentran fácilmente en la costa.
“Queríamos ofrecer algo diferenciador, algo que no existiera acá”, añade. “Todo lo hacemos con dedicación y con productos que realmente marquen la diferencia”.
La propuesta también integra una línea saludable y natural: opciones sin azúcar, recetas equilibradas y bebidas funcionales. Inspirado en viajes recientes, Sebastián incorporó preparaciones como el golden milk —mezcla de cúrcuma, pimienta, canela y anís— y matcha en distintas versiones, tanto calientes como heladas. Bebidas reconfortantes, antiinflamatorias, pensadas para después del almuerzo o como pausa consciente a mitad de jornada.
El café, por supuesto, es protagonista. Se trabaja con granos de especialidad y métodos que respetan el origen y perfil de cada mezcla. El resultado es un espresso intenso, aromático, que conversa con la pastelería y eleva la experiencia completa.
Y luego están los brunch: combinaciones contundentes que incluyen huevos, tostadas, tocino, jugos naturales y café, con valores que sorprenden por lo razonables. Porque aquí hay una decisión clara: calidad sí, pero con precios accesibles.
“No queremos que alguien sienta que le están cobrando de más”, dice Sebastián con honestidad. “Es un precio justo. Productos buenos, bien hechos, pero que inviten a volver”.
Le Grenier nace bajo el ala de Mirazú, pero tiene vuelo propio. Es más relajado, más cotidiano, más versátil. Es el lugar donde puedes comenzar el día antes de un baño de mar, hacer una reunión informal con vista al horizonte o simplemente sentarte a escribir mientras el sonido de las olas acompaña cada sorbo.
En una zona donde la oferta muchas veces se mueve entre lo rápido y lo masivo, esta cafetería propone una pausa distinta: artesanal, cuidada, luminosa.
Un café frente al mar. Un croissant tibio entre las manos. La brisa que entra suave por la ventana. Le Grenier no es solo una parada. Es un nuevo ritual en Reñaca.











