A sus 25 años, no solo está conquistando la televisión chilena, sino que también está diseñando, con determinación y encanto, una carrera que lleva su propio sello. Actriz, creadora, emprendedora y voz de una nueva generación de mujeres que saben lo que quieren, Fernanda Finsterbusch Passalacqua brilla por su autenticidad, su temple y esa mezcla magnética de fuerza y sensibilidad que encanta tanto frente a cámaras como fuera de ellas.
- Entrevista: Cristian Muñoz
- Fotografías: Tom Chenette
- Vestuario: Loraine Holmes
- Instagram: @fernandafinsterbusch
Fernanda debutó en la pantalla chica con pequeños roles que pronto se transformaron en papeles relevantes. La vimos en 100 Días Para Enamorarse, luego en Edificio Corona como Cote Miranda, y más tarde en Pobre Novio e Hijos del Desierto. A fines de 2022 fue convocada para formar parte del elenco de la teleserie de larga duración Juego de Ilusiones, donde interpretó a la hija menor de Carolina Arregui y Julio Milostich.
Pero el camino que ha recorrido no ha sido improvisado. Desde los 14 años se ha movido con instinto y estrategia. Participó en el concurso Miss 17, trabajó como reportera juvenil para Canal 13 e incluso llegó al cine tras postular a un casting que vio en redes sociales. “Me pagaban re poco, pero para mí eso era suficiente”, recuerda entre risas sobre sus inicios.
Antes de egresar de Teatro en la Universidad Católica, Fernanda Finsterbusch pausó sus estudios para asumir un rol clave en televisión. “Congelé el último semestre porque entendía que ese papel era una oportunidad que no podía dejar pasar”, explica la sobrina nieta del periodista y crítico de cine Ítalo Passalacqua. Esa audacia, que muchos podrían atribuir a la suerte, responde más bien a una convicción profunda: construir su carrera a su manera.
Lejos del guion y sin libretos, la actriz también brilla en el universo digital. Espontánea y cercana, se expresa sin filtros, habla de emociones, creatividad y también de sus miedos. Ahí emerge otra faceta: la joven que baila, crea y emprende. La misma que fundó junto a su hermana la marca de ropa Wisteria.
En El peligro de quererte interpretas una historia de amor que se enfrenta al peso de la época y la clandestinidad. ¿Cómo viviste desde dentro un relato donde ser mujer, médica y amar libremente era un acto revolucionario?
Fue uno de los proyectos más intensos y reveladores que he hecho. Amar libremente no era una opción en esa época, y ser mujer y médica, menos aún. Investigando el contexto histórico, entendí cuán invisibilizado estaba el amor entre mujeres. La homosexualidad femenina ni siquiera se validaba socialmente; era como si no existiera. Eso lo conversábamos mucho con la directora Katherina Harder. El personaje que interpreté tiene una convicción enorme de ejercer la medicina, pero también sabe que probablemente nadie la va a contratar. Las mujeres médicas de entonces estaban relegadas a áreas «femeninas» como niñez o maternidad. Fue fuerte entender que muchas veces eso no respondía a una pasión, sino a las únicas posibilidades que tenían. Este proyecto ha sido, sin duda, uno de los más importantes de mi carrera.
Cuéntanos de tu debut en el teatro, ¿cómo lo has vivido y qué tal ha sido tu experiencia?
Ha sido desafiante y emocionante. Estoy en dos obras muy distintas: Alicia en el show de las maravillas, un montaje familiar con baile y pantallas digitales, y Un interrogatorio, un drama policial de Jamie Armitage. Lo que más me ha exigido es la constancia: ensayar, repetir escenas, trabajar desde la mesa con profundidad, entonces le he dedicado un montón de tiempo, así que estoy muy contenta. Feliz de que se me haya abierto esta posibilidad de estar justo en estos dos proyectos. Siento que era necesario. Creo que una actriz no se compone solo del rubro audiovisual, porque siento que completa mi formación actoral. Yo estudié Teatro en la UC, y este regreso es como cerrar un ciclo.
Precisamente en Alicia en el show de las maravillas, se presenta una propuesta teatral digital que reinterpreta un clásico. ¿Qué desafíos te trajo trabajar desde lo escénico con un enfoque tan contemporáneo?
Fueron varios. Desde la interpretación hasta entender el código familiar. Alicia no experimenta miedo o angustia de forma tradicional, sino que transforma esas emociones en curiosidad o problemas a resolver. Fue desafiante componer esas emociones con una corporalidad marcada, sobre todo porque volví a bailar, algo que me encanta desde niña. Ingresé al teatro justamente por el amor a la danza, así que reencontrarme con eso fue mágico.
¿Cómo te preparas cuando te llega un papel que sabes que tocará emociones intensas o temas delicados?
Leo el guion con mucha atención. Para mí, cada personaje tiene una música interna: hay que entender sus objetivos, su fragilidad, su frustración. Trabajo las escenas desde las emociones que reconozco en mí o en personas cercanas. Además, tengo un coach argentino a quien respeto mucho. Me ayuda a pulir cada casting con honestidad: si algo está flojo o le falta fuerza, lo corregimos. Creo en esa mirada crítica como parte del crecimiento actoral.
¿Qué te ha dejado compartir escenas con actores tan experimentados? ¿Te gustaría mencionar a algunos?
Ha sido un honor. En teatro, trabajar con Jaime Omeñaca ha sido una escuela. En Alicia, Carlos Díaz como director ha sido una guía muy clara. En teleseries como Hijos del desierto, trabajar con Marcelo Alonso fue una gran experiencia. Y con Carolina Arregui en Juego de Ilusiones, cada escena fue una clase. Observar a grandes actores es una forma maravillosa de aprender.
Tienes una marca propia de moda, Wisteria, y una relación muy activa con las redes sociales. ¿Cómo diferencias tu lado creativo y emprendedor de tu faceta más íntima?
Siempre fui muy creativa. Desde niña hacía videos y eso ha ido de la mano con mi carrera como actriz. Las redes me permiten mostrar mi faceta lúdica, alegre y optimista. Ser influencer también implica mucho trabajo, y me siento afortunada de poder combinarlo con mi profesión. La marca de ropa que tengo junto a mi hermana y mi cuñado la empezamos cuando yo tenía 17. Desde entonces, he vivido con la agenda llena, tratando de equilibrar todo sin perder el foco ni la salud mental. Para mí, lo importante es disfrutar el camino, no vivir angustiados por llegar rápido a una meta.
¿Qué rol juega la autogestión en tu carrera?
El 90% de lo que hago nace de mí. O sea lo que me gusta, lo propongo, lo muevo, lo hago, lo gestiono. Soy una gran productora de mi vida. Siempre he sido muy activa, y si tuviera más tiempo, haría mil cosas más. No se trata de esperar que alguien venga a ofrecerte algo, sino de moverse. Hoy tenemos herramientas digitales, redes y colaboraciones posibles con otros artistas. Si quiero una sesión de fotos, la organizo. Para mí, es una filosofía de vida.
En un mundo donde las redes presionan para mostrar vidas perfectas, ¿cuál es tu regla personal para mantener los pies en la tierra?
Mi familia y mi entorno cercano son mi base. Tengo claro que cada trabajo bien pagado es un privilegio y que este oficio es inestable. Por eso no doy nada por sentado. Ser cercano, profesional y cultivar buenas relaciones es lo que hace que la gente quiera volver a trabajar contigo. Hay muchos que llegan, pero pocos que se mantienen. Y mantenerse tiene que ver con eso: con la humildad.
Finalmente, ¿qué mensaje te gustaría dejarle a los y las jóvenes que hoy te siguen y sueñan con ser actores, artistas o simplemente vivir una vida fiel a sí mismos?
Conózcanse. Sepan quiénes son, qué proyectan y qué quieren lograr. Eso permite interpretar desde un lugar más claro. Tengan sus referentes, trabajen en un reel, aunque sea casero, para mostrar su talento. Hoy es clave moverse con agilidad, respetando los procesos. La clave no es solo esperar una gran oportunidad, sino estar preparados para cuando llegue. Paciencia, entrenamiento y humildad. Esa es la base para mantenerse fiel a uno mismo y avanzar con coherencia.








